Símbolo de la aspiración legítima a la belleza | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-21 05:00:00

Símbolo de la aspiración legítima a la belleza

El Museo de Cera Augusmar (Augusto Mart√≠nez) se reabre en Bucaramanga luego de 30 a√Īos de ausencia. Este museo, heredero de la tradici√≥n de museos de cera internacional, contiene un arraigo popular caracter√≠stico que revela los gustos y las usanzas de nuestro imaginario.
Símbolo de la aspiración legítima a la belleza

Dotada de vida e historia gracias a la fascinante personalidad de su creador, Augusto Martínez, el museo se ha mantenido como un símbolo de la aspiración legítima a la belleza y al arte en estos tiempos en que ninguno de los dos es valorado ni promovido. La posibilidad de presenciar una reliquia de nuestra riqueza popular artística queda así disponible para el conocimiento y el deleite de las generaciones que no conocen el museo, gracias al apoyo del Centro Cultural del Oriente y de Donaldo Ortiz, su director.

Cuando ni√Īo, Augusto fue tra√≠do de Rionegro a Bucaramanga a lomo de mula. Sal√≠a de la escuela a recoger barro en los zanjones de La Rosita y Quebradaseca o en el lago Alarc√≥n. Es cuando recuerda que hizo sus primeras figuras. En ese tiempo se pescaba en estos lagos con dinamita y de esta forma tambi√©n se suicidaba la gente. Un d√≠a, sal√≠a de la Escuela del Parque de los ni√Īos y oy√≥ una explosi√≥n en la quebrada. Corri√≥ hacia all√°, y vio a un hombre sin cabeza cruzar el puente sobre la Quebradaseca.

Su padre fue una fuerte figura para Augusto. Pablo Antonio Martínez García, juez destacado y estricto. Lo defiende como el aliciente para la formación de su carácter y también quien marcó su camino. Un secretario de su padre lo inició en el dibujo. Después de hacer su primer dibujo, un Bolívar, una dulce maestra le consiguió una beca para ir a estudiar artes a Argentina. Su padre frustró la iniciativa de la maestra.

Augusto vio crecer, madurar y envejecer las generaciones bumanguesas del siglo XX. Vio a la ciudad altiva y esbelta ingresar pasado el tiempo a ser reconstruida en su consultorio. 40 a√Īos dedicados a la odontolog√≠a; los mismos 40 a√Īos concentrados en la escultura. Sus profesiones se amalgaman con el arte total. Es un hombre que ha hecho del arte de su oficio su sacrificio, su labor.

En su √©poca de estudiante en Bogot√°, recib√≠a el apoyo de su padre y completaba sus ingresos haciendo por encargo piezas de anatom√≠a para sus compa√Īeros. Las hac√≠a de molde, para ahorrar tiempo y esfuerzo, pero se aseguraba de dejarles algunas marcas que sugirieran las huellas de la fabricaci√≥n a mano, requisito acad√©mico que terminaban cumpliendo las piezas de Augusto.

Una vez, vino a Bucaramanga un museo de cera. Cuando Augusto quiso entrar, un hombre moreno, con una barbilla de diablo le permiti√≥ ingresar gratis. El museo expon√≠a cad√°veres, figuras venidas de Dresde, Alemania, todas elaboradas al calco. D√≠as despu√©s, Augusto regres√≥ al museo llevando de regalo un Adolfo Hitler modelado por √©l mismo, sin calco, como cada una de sus figuras desde entonces. ¬Ė¬ŅY usted por qu√© no hace un museo?¬Ė, le respondi√≥ el due√Īo, quien le volvi√≥ a regalar la figura dici√©ndole que ser√≠a la primera pieza del nuevo museo de cera que acababa de nacer. La segunda pieza fue un San Mart√≠n de Porres, santo de cuyas llagas Augusto era devoto.

La primera exposición del museo de cera Augusmar fue en San Antonio, Venezuela, y mostró 35 figuras. Fue Pedro Nel Piedrahita, el hombre de la barbilla, el que impulsó la iniciativa de Augusto Martínez desde el principio hasta su concreción. La ayuda incansable y el brazo de sostén ha sido desde entonces su esposa, la bella Isabel. De allí en adelante 13 ciudades han alojado el museo que va generando controversia por donde pasa, toda vez que los temas de las esculturas casi siempre aportan a la discusión política y elaboran pensamiento e historia.

Hay que cuidar las figuras, lavarlas, retocarlas. La escultura del cad√°ver de ¬ĎTirapavas¬í, un guerrillero santandereano ancestral, estaba en el patio y, mientras Augusto estaba lav√°ndola, not√≥ c√≥mo un c√≠rculo de gallinazos merodeaba a su alrededor (¬ďeso es cera y quiz√° tambi√©n es algo m√°s¬Ē). Las piezas son modeladas de barro; luego, se hacen los negativos de yeso y, finalmente, en estos moldes se vac√≠a la cera. Una vez obtenida la figura se pinta y se aplica cabello natural con una aguja.

El museo fue a Barrancabermeja y se hizo famosa la anécdota contada por Luis Enrique Figueroa sobre la mano de Hitler: que el clima de Barranca no era favorable a dictadores, pues a Adolfo Hitler allá se le agachó la mano.

Cuando visita el museo, la gente se hace sus historias aterradoras con los personajes que espantan al p√ļblico de noche y de d√≠a. Son entonces estas mismas personas las que salen asustadas del museo de cera. No falta quien entre y salga corriendo o mire de reojo; tampoco faltan, chicos sobre todo, los que acad√©micamente pongan atenci√≥n al museo, entren, salgan y vuelvan a ingresar.

 

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