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Adiós al maestro de la sencillez, Guillermo Espinosa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-22 05:00:00

Adiós al maestro de la sencillez, Guillermo Espinosa

La luz del maestro Espinosa, reconocido pintor y escultor santandereano, se apagó hace una semana a causa de un cáncer. Hoy, Vanguardia Liberal rinde un homenaje póstumo publicando la última conversación que tuvo con el artista .
Adiós al maestro de la sencillez, Guillermo Espinosa

El maestro Guillermo Espinosa afirmaba que todo lo que se escondía detrás de un proceso de creación artístico, “las carretas plasmadas en lienzos, esculturas y cualquier tipo de objeto”, valía la pena revelarlo.

Hoy, una semana después de su fallecimiento, vale aplicar esta misma reflexión en su vida, contando lo que pensaba durante los últimos meses en los que estuvo creando en su casa de campo junto a varios de sus aprendices, familiares y amigos.

Vanguardia Liberal pudo entrar una tarde de sábado a su estudio lleno de naturaleza; a su galería de color blanco ocupada por una serie de pinturas revolucionarias y distintas a las que nos tenía acostumbrados.

Cuando tomábamos un café, sin dudarlo, soltó como él dice su “carreta” -palabra que al parecer le gustaba mucho pronunciar, pues siempre estuvo presente en la conversación.

Como amante de la música no dejó espacio para el silencio. Encendió su computadora y el espacio se invadió de las viejas canciones de la banda inglesa, Pink Floyd.

-Estoy listo para que lo que me quiera preguntar. Es usted joven y yo muy viejo, ¿qué la trae por acá? – me dijo.  
-Quiero hacer un artículo donde le cuente a la ciudad lo importante que es su obra y así reconstruir historia, especialmente partiendo de sus esculturas, le dije.  

- Antes de cualquier cosa quiero decirle que hasta ahora estoy encontrando mi propia inspiración, mi verdadero trabajo, creo que tenemos que hablar primero de eso antes que nada, dijo.

Parte de nuestra conversación fue publicada en la edición del 18 de abril en esta misma separata, pero quedaron preguntas y respuestas que hoy revelamos para recordar a este gran artista santandereano.

No al estudio, si al arte

“Mi mamá quería que yo terminara mis estudios, que hiciera carrera. Yo le decía que no, que quería pintar. Al final me convenció y la noche del 28 de enero de 1954, le dije que íbamos a la matrícula en el Colegio Santander que quedaba en el parque Centenario. Esa noche ella murió de un infarto. Después le dije a mi papá “ahora menos voy a estudiar”, narró Espinosa riéndose a carcajadas.

Sus dibujos y la trayectoria de su padre Guillermo Espinosa como herrero, fueron la carta de presentación para conseguir un trabajo como pintor el taller de Samuel Ardila.  

“El lunes entré a trabajar. El domingo no dormí de la alegría porque iba a pintar. Me imaginaba el olor de la pintura. Cuando llegue me mandaron a buscar la escalera, unos martillos y cinceles para poner un aviso. Y yo pensando que iba a pintar como un Miguel Ángel y no. Terminé instalando avisos en la calle 35 entre carreras 13 y 14”, contó.

La situación le pareció exótica y así pasó. “Un día apareció un señor y dijo que necesitaba un cuadro para una alpargatería en el Socorro. Don Samuel me dijo: “Si escuchó chino, necesitamos unos alpargates”. Conseguí un par nuevo, lo lleve e hice el dibujo.  Quedó contento con mi trabajo”, aseguró.

Samuel Ardila quedó muy contento con el trabajo. “Tenía un obrero al que le paga $37 semanales y a mí $3. El hombre terminó echando al dibujante y me subió el sueldo a $7”, reveló.

Su talento en los letreros se trasladó a los manteles de feria. Fue buscado por varias ganaderías para que diseñara estas piezas para vestir las mesas de juegos de azar. “Don Samuel me dijo que no los hiciera tan bonitos porque no nos rendía casi”, añadió.    

El amor por la música

“Aprendí a tocar dulzaina desde los 9 años y de vez en cuando la toco. Veía un músico y era como si viera a un dios. El barrio donde me crié estaba rodeado de serenateros quienes llegaban a la tienda que tenía mi mamá, a tomarse unas cervezas y empezaban a ensayar.

“¿Cuándo podré yo tocar tiple?”, decía.  Al fin compré uno, le pegué dos ‘suanasos’ y no, me di cuenta que no era músico, pero sí sentí algo por la música.

Cuando mis hijos, Mauricio y Marcos, empezaron a tocar desde niños pasillos como Cachipay y Esperanza, fue cuando llegó mi felicidad. Lo que yo quería, y me salieron dos músicos”.

Preguntas y respuestas

Estuvo durante un tiempo en Bogotá, ¿qué lo hizo regresar?
Desde 1999 hasta 2006 estuve allá. Tuve taller, vendí cuadros e hice exposiciones. Me relacioné con muchos artistas. Fue una época buena, pero quería regresar a Santander para trabajar nuevas cosas.

Hablemos de su nuevo trabajo, ¿si desde hace más de seis décadas usted se encuentra en este oficio, cómo así que hasta ahora está encontrando su inspiración?
La obra que estoy haciendo ahora me llena mucho. Tengo un problema de cáncer desde hace un tiempo, y pareciera que la quimioterapia me bloqueara la inspiración, pero no es así. Lo que más me mantiene ocupado es convertir en obra los objetos sencillos, una pica, una pala, un zapato, herraduras, rodillos, una bicicleta. Es allí ha donde quiero llegar.

¿Se inclina por una técnica en particular?
Siempre he pintado de todo y para mí pintar figurativo, abstracto, minimalista o cualquier técnica, me encanta. Además, no necesito carreta para hacer mis trabajos, ya hay carretas muy bellas que otros han hecho que me inspiran.

Algunos aseguran que esas ‘carretas’ tan sencillas a veces no son arte, ¿qué piensa de eso?
Gané hace 28 años un premio con un cuadro de un fósforo, quién se iba a imaginarlo.  El jurado eran personas importantes, como Germán Rubiano. No sé, algo deben tener y a mi me gustan (sonríe).

Como muchas cosas en Colombia, el arte, específicamente la venta de obras, está en crisis. ¿Cómo le va a usted con eso?
La obra que hago la hago sin el interés alguno de que a alguien le guste o no, de si voy a vender o no. Soy el primero en admirar a una persona que llegan y me compran una brocha, una picas y mis cuadros.

Más allá de su trabajo como pintor también está el de formador. ¿Cómo le va con sus estudiantes?
Tengo un grupo de varios estudiantes, Pablo, Daniel, Isidro. Mi gran sueño es hacer un taller de arte como el que hizo Andy Warhol llamado ‘La Fábrica’. Tenía 70 ayudantes entre esos artistas que lo dejaban sorprendidos manchando las telas.

Para usted, ¿quiénes son los herederos de la vieja generación de artistas de Santander?
Me parece que Guillermo Quintero, quien ha sido invitado a exponer en bienales de Lima, Brasil y la Habana, tiene obras interesantes. Una revelación es el Negro Navas, quien expone en Piedecuesta y hace obra expresionista. Él no sabe lo que hace, pero es una obra bella que se parecen mucho a las obras de Jean-Michel Basquiat, descubierto por  Andy Warhol. Otros son Pablo Rincón y Jorge Torres. Son artistas que ha seguido los pasos de muchos y ha superado a sus antepasados.

¿Alguno lo emociona de manera particular?
Las obras de los niños son las que más me emocionan y mucha gente los critica. Yo miro y digo: he pintado toda la vida, desde hace 55 años y veo cosas bellas que otros han hecho. Mientras los otros dicen que no tienen gusto.

¿Se debe nacer con estrella para llegar a ser uno de los grandes en el arte o se gana este lugar a punta de trabajo?
Gente sensible con ganas de hacer arte hay muchos, pero es difícil. No podemos echarle la culpa al Estado y decir que sin su ayuda uno debe terminar bultiando papas porque no pudo ganarse la vida con su arte. Si uno nació con la vocación y con la sensibilidad ya se tiene un 30% ganado en el arte de entrada. Otros nacen con suficiente sensibilidad pero no nacen suficientemente artistas.  

Entre pinceles y pinturas. ¿Cómo ha logrado lidiar con su enfermedad?
Cuando me dijeron que tenía cáncer fue como si me dijeran que tenía gripa. No me alarmé, no grité, ni lloré. En nada ha afectado para mi trabajo estético. Al contrario me da la impresión de que todo esto me dio más fuerza, me prendió el motor. Si me voy a morir tengo que aprovechar y disfrutar bastante, y la vedad ando en eso. Yo no creo que todos carguemos una cruz, la muerte me parece algo tan normal que tiene que suceder, uno tarde o temprano empieza a deshacerse.

¿Qué piensa de su obra?
Cuando hago las cosas me parecen todas horrorosas porque me comparo con Jasper Jons -pintor, escultor y artista gráfico estadounidense que trabaja elementos del Arte Pop- y digo que no tengo nada qué hacer. Siempres  hay una voz interior que me dice que todo está terrible… Entonces, ¿en qué era que íbamos? (perdió el hilo de la conversación y luego lo retomó sonriendo).

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