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El encuentro | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-09-13 19:29:46

El encuentro

A Inmaculada Corcho la conocí una noche en una exposición del maestro Rodríguez Naranjo. Ambos observábamos el mismo desnudo maravilloso de una mujer cobriza de voluminosas carnes.
El encuentro

Al dar la vuelta para continuar nos dimos de frente. Su escasa estatura y su peso pluma la desequilibraron, pero alcanc√© por fortuna a tomarla por los brazos. Perd√≥n se√Īorita, soy un torpe, le dije a manera de disculpa.

No se equivoc√≥, soy se√Īorita a mucho honor, y en cuanto al empell√≥n que me ha dado, todos los hombres son iguales, pretenden que la mujer se les arrastre en el suelo, quieren vernos ah√≠, somos una despreciable basura. Adem√°s lo vi observando el cuadro con la veneraci√≥n de un pervertido ¬Ņo no? Se equivoca se√Īorita, amo la pintura que es la expresi√≥n sublime de todas las artes, el desnudo es una deliciosa evasi√≥n visual hacia lo perfecto.

Adem√°s yo conoc√≠ al maestro Rodr√≠guez Naranjo, fui su amigo, cualquier pensamiento lujurioso ser√≠a una afrenta a la moral¬† de un hombre que quiso como un Dios honrar el cuerpo de la mujer, la¬† obra perfecta de la creaci√≥n. Me sorprende, dijo,¬† me ha contado usted una pel√≠cula, ¬Ņcon que es uno de esos fulanos fr√≠os, que al llegar del trabajo se dan vuelta en la cama sin importarle un comino su ardorosa mujer que se ha preparado para esa lucha brutal, en donde¬† ella¬† se santigua para pecar y llorar? Recuerde que el sexo tiene matices absurdos.¬†¬† Lo dijo ella¬† con una incre√≠ble firmeza. Veo en usted un enigma, continu√≥ diciendo, lo hace un hombre interesante. Quiero celebrar mi cumplea√Īos con usted. Me tom√≥ de la mano y en unos instantes estaba embutido con aquella mujer en un taxi.

A una discoteca por favor. En el taxi decidi√≥ presentarse, me llamo Inmaculada Corcho, se√Īorita, contadora p√ļblica, y cumplo 95 a√Īos hoy. En un santiam√©n est√°bamos en una pista de baile en donde un centenar de muchachos pateaban el acr√≠lico fosforescente al ritmo de una m√ļsica ensordecedora. Inmaculada Corcho bailaba tan fren√©ticamente como aquellos, hasta que se dieron cuenta que √©ramos unos intrusos en esa generaci√≥n. Comenzaron a silbarnos y a tirarnos cuanto ten√≠an a mano. Corrimos perseguidos varias cuadras hasta que nos dejaron con el coraz√≥n en la mano. Un buen vino tinto nos caer√° bien, dijo Inmaculada. Le apuesto a que jam√°s hab√≠a tenido una aventura igual con otra mujer, me dijo ri√©ndose. Me atrev√≠ a preguntarle el por qu√© era virgen, exponi√©ndome a su violencia verbal o a un tiro.

Adoptó un gesto de ternura y dijo, todos los hombres intentan que olvidemos  los principios con que las mujeres mantenemos cerradas las piernas. Un día le dije a mi novio que su hermana quería que le permitiera darle al suyo la misma prueba de amor que él me estaba pidiendo. No volvió jamás. Con el tiempo decidí irme con otro. Acepté irme con él en un bus sin rumbo. Cuando el bus tomaba el ascenso de Pescadero y con la incertidumbre de viajar por primera vez  con un hombre hacia lo desconocido, me dijo el al oído: donde quiere que la perjudique, en San Gil o en el Socorro. Despavorida me lancé del bus en movimiento, y estas son las marcas que tengo en los brazos. El romance es cruel,  o a la inversa, la crueldad es romántica, pensé. Luego la llevé a su hogar geriátrico.

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