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La delincuencia juvenil | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-28 05:00:00

La delincuencia juvenil

La delincuencia juvenil

El país vio por televisión en los noticieros, batallas campales de “combos” -con todo tipo de armas de fuego- mientras la Policía era rebasada por el número y la agresividad de los menores que guerreaban. Y tras de ellos, el largo brazo de los siniestros “barones” del narcotráfico.

En Usme, dos colegialas de 15 y de 17 años -con sendos puñales-, se enfrentaron para disputarse el amor de un adolescente. Una de ellas murió en el espeluznante duelo.

En otro municipio, una niña de 12 años agredió con un útil de escritorio cortopunzante en mano, a otra compañera por motivos pasionales.

En Bucaramanga, mientras se desarrollaba un encuentro deportivo entre dos colegios del norte, hubo una refriega entre cerca de 300 muchachos y asombra la violencia de que hicieron gala.

Por doquier actúan los sicarios adolescentes. Menores expenden droga, la prostitución infantil y juvenil es el pan de cada día.

¿Qué nos pasa? ¿Qué pone en evidencia la agresividad y capacidad delictiva de tantos niños y adolescentes?

Las consideraciones, expuestas por investigadores y científicos sociales desde diversos ángulos, son muchas pero inocuas si la sociedad sigue mirando el asunto como hasta ahora lo ha hecho. Colombia está sentada encima de un gigantesco barril de pólvora.

El país padece una grave enfermedad social y las autoridades y la sociedad misma no están enfrentando el asunto con las herramientas, ni en la forma que las circunstancias exigen. Y, para completar, amplios sectores de la comunidad creen que el problema les es ajeno.

¿Cuáles son las causas de la enfermedad que padecemos? Muchas, ya diagnosticadas pero no eficazmente tratadas. Y si la conducta colectiva sigue siendo esa, cada nueva generación de adolescentes será más agresiva.

Escasez de oportunidades, familias fraccionadas, falta de proyectos de vida, un modelo económico que lanza a la gente a la informalidad y medios de entretenimiento que no forman sino que contaminan, son solo algunos de ellos.

El asunto no se resuelve imponiendo más sanciones drásticas a los menores delincuentes, ni con alcaldes que despachen desde zonas urbanas de conflicto por algunas semanas. Lo ocurrido exige, de urgencia, medidas más radicales y de fondo. ¿Seremos capaces de tomarlas y adoptar decisiones que lleguen a la raíz del problema? Ese es el desafío.

 

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