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Te hablo desde laprisión... | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-29 05:00:00

Te hablo desde laprisión...

Vanguardia Liberal presenta apartes del √ļltimo libro de esta periodista colombiana, publicado por Intermedio Editores.¬† La historia de Alejandro Pico, un hombre que pag√≥ una pena de 12 a√Īos en la C√°rcel Modelo por un crimen que no cometi√≥, as√≠ como otras historias detr√°s de las rejas, hacen parte de esta obra.
Te hablo desde laprisión...

Despu√©s de 10 a√Īos de su secuestro y violaci√≥n, la periodista Jineth Bedoya sigue esperando una respuesta de la justicia colombiana. Su tragedia se registr√≥ en abril del a√Īo 2000, luego de hacer seguimiento a la muerte y desaparici√≥n de varias personas en la C√°rcel Modelo de Bogot√°, en medio de enfrentamientos entre guerrilleros de las Farc y Eln y miembros de las autodefensas paramilitares.

Bedoya, que trabajaba en la sección judicial del periódico El Espectador en esa época, logró conseguir una cita con uno de los paramilitares involucrados en la disputa para conocer más información sobre lo que ocurría.

Eses d√≠a en la puerta de esta prisi√≥n, seg√ļn ha narrado Bedoya a la opini√≥n p√ļblica, fue v√≠citma durante 16 horas de abusos, golpes y del secuestro.

Luego la Policía la encontró abandonada en Puerto López en el Meta.

La mirada triste de Alejandro Pico es la muestra viva de la injusticia que reina en Colombia. Un hombre sereno, de principios y con una nobleza y una honestidad a toda prueba, tuvo que pasar doce a√Īos en la c√°rcel pagando una condena absurda, por un se√Īalamiento absurdo.

La madrugada del 17 de diciembre de 1994, mientras dormía en su alcoba, al lado de su esposa, el teniente del Ejército Javier Barragán Matiz fue asesinado a tres cuadras de su casa. Un juez encontró culpable a Alejandro por la declaración de Brigith Valbuena, una mujer que juró que él, el árbitro bogotano que se ganaba la vida pitando partidos en  los barrios del occidente de la capital, había apretado el gatillo.

La pena inicial de 45 a√Īos qued√≥ reducida a 28 despu√©s de una casaci√≥n fallida.

A√ļn con el testimonio de uno de los amigos de la v√≠ctima, que asegur√≥ en el juicio que Alejandro no era el homicida, la ¬ďjusticia¬Ē lo dej√≥ tras las rejas. Sus vecinos del barrio Rionegro nunca dieron cr√©dito a lo que ocurr√≠a y por eso el 20 de septiembre del 2007, d√≠a en el que sali√≥ con libertad condicional por cumplir las tres terceras partes de la pena, fueron en caravana por √©l hasta la Penitenciar√≠a La Picota.

Luego, como si se tratara de una manifestaci√≥n popular, convocaron a todo el barrio a un acto p√ļblico en el sal√≥n comunal para desagraviarlo. All√≠, √©l present√≥ el escrito de su drama que, en hojas de cuaderno, fue reconstruyendo durante los largos a√Īos de prisi√≥n: El caso Pico, la historia de un inocente.
Así narró Alejandro Pico parte de su vivencia en prisión.

Días de guerra, del capítulo la mirada de adentro

Pero nada era comparado con la violencia de La Modelo. En esos a√Īos era muy fuerte, hab√≠a muertos muy seguido, a varios los mataban por el vicio, a otros por deudas, y a los drogadictos, que met√≠an drogas fuertes y hac√≠an cosas malas, les pegaban varias pu√Īaladas y por √ļltimo les pegaban un tiro en la cabeza; luego los cog√≠an de los pies y los arrastraban hasta sanidad y si no mor√≠an de las pu√Īaladas o del tiro en la cabeza, se mor√≠an de los golpes en la cabeza, al tropezar con las escaleras del cuarto piso al primero.

En aquellos tiempos la vida del ser humano no valía nada, absolutamente nada. Mataban por venganza, guerra entre pandillas, ajustes de cuentas, por plata, por guerra entre grupos armados… Muchas de las muertes se daban por las endeudadas que se metía la gente haciendo rebusques. Eran una modalidad de sobrevivir en la cárcel. Compra y venta de cualquier cosa, desde un colchón hasta chaquetas de cuero; reventa de los mismos artículos, o los juegos de azar.

Por ejemplo, el juego del bingo se hac√≠a con un cart√≥n y bolas pl√°sticas; cada cart√≥n val√≠a quinientos pesos y se jugaba sencillo con varias opciones para ganar: la cruz grande, la cruz peque√Īa, el cuadro grande, el cuadro peque√Īo, la pir√°mide, las cuatro esquinas, machetazo, y en l√≠nea, y el bingo full que era llenar todo el cart√≥n; pero este val√≠a mil pesos.

La ganancia era el valor de los cartones que entraban en juego, menos el porcentaje que quitaba el due√Īo del bingo, o sea, el rebusque.

Hab√≠a otro juego al que le dec√≠an La Guara√Īa. Este jueguito lo hay en las fiestas y bazares de pueblos. Consta de una tela donde vienen pintadas seis figuras y tres dados que traen pintadas las mismas figuras de la tela. El due√Īo del juego met√≠a los dados a un vaso o un tarro de madera, los revolv√≠a y pon√≠a el tarrito boca abajo, luego recib√≠a las apuestas y pon√≠a la plata encima de la tela y de la figura que escogieran los apostadores. Cuando la plata estaba encima de las figuras, levantaba el tarrito y si hab√≠a plata encima de las figuras que mostraban los dados, hab√≠a ganador.

De los √ļltimos rebusques, el que lleg√≥ a la c√°rcel fue el famoso esfer√≥dromo. Constaba de una tabla con n√ļmeros del uno al quince y una blanca, con bolas para jugar billar pool y fichas pl√°sticas de colores que val√≠an entre quinientos y $5000 pesos. Algunos presos hac√≠an apuestas astron√≥micas, sin importarles la¬† inversi√≥n. Lo que si los enfurec√≠a era perder, y ah√≠ empezaban los problemas.

En todos estos juegos de azar, que dentro de la c√°rcel son una forma de rebuscarse, toca saber apostar, perder y ganar, y estar pendientes porque en cada uno hay trampa y muertes. Y para bajarle un poco la tensi√≥n a los patios, se hicieron planes para crear una emisora. Hubo hasta un concurso para buscarle el nombre y finalmente se llam√≥ La cana al aire. Se pusieron dos cornetas en cada patio y por algunos un grupo de internos transmiti√≥ cosas por all√≠, pero con el tiempo la emisora no dio nada de resultado, a tal punto que pas√≥ el tiempo, y por esas cornetas no sonaba nada. Entonces decidieron bajarlas y conectarlas a un equipo de sonido del patio para poner m√ļsica los d√≠as de visita.

Así transcurrían los días y mis apelaciones seguían su curso. Vivía en la monotonía de la cárcel de levantarse, pasar a desayunar, clases, almorzar, ver los juegos de azar, comer, escuchar peleas y rezar cuando había desórdenes.

Un d√≠a de esos corri√≥ la voz de que llegaba en una remisi√≥n un muchacho que hab√≠a sido capturado por violaci√≥n. Luego supimos que era ¬ďJhonny el Leproso¬Ē, un temible hombre que hab√≠a cometido muchos cr√≠menes en Bogot√°.

Lo hab√≠an cogido despu√©s de buscarlo mucho y esa noche llegaba a La Modelo. A la c√°rcel llega mucha gente mala y delincuente, que matan por plata, como famosos sicarios; otros matan por venganza; otros por accidentes, o por defender sus vidas; y otros por un error, pero todos llegan a pagar su pena. Pero el Leproso, seg√ļn las noticias, mataba por gusto. Por creerse m√°s que cualquiera, para que le tuvieran miedo y respeto.

De los muchos homicidios, se comentaba el de un muchacho de la zona de Fontib√≥n, cerca de donde fue capturado. Era un universitario y solo porque le cay√≥ mal a Jhonny, lo mat√≥. Eso lo confirmaron testigos y familiares del joven. Y as√≠ como al muchacho, hab√≠a matado a varias personas por darse gusto. En las noticias dec√≠an que el Leproso ten√≠a un trauma desde ni√Īo, por eso mataba por cualquier cosa sin d√°rsele nada.

Precisamente, en una historia que p√ļblico el peri√≥dico El Tiempo, se relataba que los investigadores le preguntaban en el juicio que ten√≠a por el crimen de cuatro personas que por qu√© actuaba as√≠; que si era en venganza por la muerte de su padre y su hermano, y el solo respond√≠a: ¬ďEsas son cosas muy m√≠as¬Ē.

Su verdadero nombre era John Jairo Moreno Torres y le decían Leproso por la cicatriz de una quemadura que tenía en las piernas.

A una de sus v√≠ctimas, un indigente al que le hab√≠a violado la hermana y que quer√≠a matarlo, lo asesin√≥ de un tiro en la cabeza y luego lo inciner√≥. El cuerpo lo sac√≥ de la vivienda donde cometi√≥ el homicidio, obligando a un ni√Īo a que le ayudara. El menor, que trabajaba como vendedor ambulante de llaveros y golosinas, declar√≥ que Jhonny le dio algunas bolsas negras y le dijo que las dispersara por el barrio. Luego, Medicina Legal comprob√≥ que lo que hab√≠a en las bolsas eran restos de un cuerpo humano.

El periódico también contó que otras de sus víctimas, asesinada el catorce de febrero de 1998, en el barrio Versalles de Fontibón, fue Fernando González Palma, un universitario que esperaba en un paradero de bus su ruta. El Leproso apenas lo miró por un instante, se le acercó con un revólver en la mano y lo mató porque sí.

Cuando empezaron a llegar noticias de esas muertas, los internos ¬ďno las vieron muy bien¬Ē, a pesar de ser delincuentes tambi√©n. As√≠ que cuando confirmaron que el Leproso estaba capturado y llegaba a La Modelo, algunos dijeron que hab√≠a firmado su sentencia de muerte.

Efectivamente lo esperaban como leones hambrientos, que esperan a su presa para devorarla. Era un tipo muy joven, y ya pensaban matarlo pero hasta el otro día de su llegada.

Llego esa noche con ¬ďel tren¬Ē, o sea con los presos nuevos, al ala norte de la c√°rcel. Efectivamente, se rumoraba que el Leproso llegaba en el tren. Salieron como siempre los ¬ďcaciques¬Ē con sus carros escoltas (hombres que los cuidaban) a recibir el tren.

Se regó la noticia y todos quedaron pendientes de conocer al Leproso de la televisión. Ese día el tren llegó como a las diez de la noche, muy tarde. Yo creo que la guardia presentía algo, porque el tren llega por la tarde, o a las siete de la noche, todos los días.

Por todos los pasillos se comentaba que al día siguiente matarían al Leproso, pero se dieron cuenta de que era un tipo joven y muy astuto. Cuando llegó al patio, no le daba la espalda a nadie, siempre se recargaba contra las paredes, y así subió las escaleras: con la espalda contra la pared.

Llegó al segundo piso donde había una mesa de billar y todo estaba en movimiento; a esa hora, como las once de la noche, los presos estaban por fuera de la celda.

El Leproso presentía ya su muerte. Los caciques se reunieron y como lo vieron muy joven, astuto y muy ágil, hablaron y prefirieron adelantarle la muerte, porque si se esperaban al otro día, ya cogía vuelo, o sea, trataba de coger poder y de pronto él mataba a unos cuantos primero y se hacía a unas armas, se hacía coger respeto y ahí sí quién lo paraba.

Todo estaba agitado, cuando de pronto varios internossacaron cuchillos. El Leproso al ver esto saltó a la mesa de billar, cogió un taco y lo partió por la mitad con la rodilla, como en las películas, y se empezó a defender.

Lo pensaban matar a cuchillo para que sufriera, le hicieron varios intentos y no pudieron apu√Īalarlo.

En cambio, con estos dos palos de jugar billar y que quedaron astillados, Jhonny ya había herido a dos internos; así que como la vieron difícil, no tuvieron más remedio que sacar las armas de fuego y empezaron a dispararle. Se escucharon más de doce tiros. ¡Mataron al Leproso! retumbó el grito por toda la cárcel. No duró vivo ni una hora en el patio dos de La Modelo.

Cuando lo estaban arrastrando, ya muerto, como a un perro, tal vez le hicieron un favor a √©l mismo y a muchos de sus familiares, pero no toca olvidar que era un ser humano y que el √ļnico que juzga, castiga y quita es nuestro Se√Īor.

En los siguientes d√≠as llegaron varias cartas a la Mesa de Trabajo de la c√°rcel, especialmente al ala norte donde muri√≥ el Leproso. Eran cartas de amigos o familiares de v√≠ctimas de Jhonny, que felicitaban a los internos que lo hab√≠an matado. Este fue un caso sonado por la ¬ďcalidad¬Ē del personaje, pero diariamente se viv√≠an episodios similares con presos an√≥nimos, de la peor cala√Īa.

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