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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-08-31 05:00:00

Palabras Inútiles

Termina la Feria Internacional del Libro de Bogotá e iniciamos ayer la octava versión local de Ulibro, gracias a la persistencia de la UNAB. Digo local pero es internacional, como todas las ferias de libros del mundo en la actualidad. En Bogotá Nicholas Negroponte, autoridad mundial de Internet, profetizó la muerte del libro de papel en menos de cinco años. Creo que es una profecía de muy difícil cumplimiento así triunfe –sin duda-  el libro electrónico.
Palabras Inútiles

Hace varios milenios se inventó la rueda y la escritura y siguen tan campantes. Internet, libros digitales y  libros de papel no son más que máquinas, soportes para el pensamiento y su comunicación. Como  diría Borges, son  prolongaciones de la memoria y la imaginación.

Muchos  historiadores del libro –como Alberto Manguel o Robert Darnton-  piensan que el libro de papel es imbatible y que la convivencia con los digitales va para muy largo. Los libros arden mal y la permanencia de las bibliotecas de papel será imperecedera e indispensable. Y no se trata de pataletas nostálgicas; de hecho ya no leemos en papiro o en tablillas. Pero si la Revolución Industrial ha democratizado la lectura, y más con la Ilustración francesa, estamos lejísimos de democratizar y masificar la banda ancha y el uso del libro digital: pero su impacto en el curso de la civilización es imparable y revolucionario. Una National Digital Library –como piensa Darnton, director de la Biblioteca de la Universidad de Hardvard-  por encima del voraz interés comercial, por ejemplo de Google, es un proyecto posible y de largo plazo, que podría gastar más de 10 años en escanear grandes colecciones y bibliotecas, y aun así el libro de papel y las bibliotecas serían invencibles, y la seguridad es uno de sus fuertes.

Darnton cree que si Google lo sabe casi todo sobre nosotros con sus gigantescas bases –y lo puede explotar- ¿qué hará cuando sepa con exactitud qué leemos, qué pasará con lo poco que nos queda de privacidad? El Gran Hermano orwelliano es ya una realidad, una herencia imparable que recibimos de los regímenes totalitarios. Los libros arden mal, y la lectura –es decir, los lectores-  como máximo patrimonio de la humanidad deberán estar protegidos de los embates del control de la conciencia. Ardua y larga tarea.

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