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Otra carta del soldado Ortega | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-09-15 00:42:48

Otra carta del soldado Ortega

Recibí hace 8 días una nueva carta del soldado Ortega. Cuenta el soldado profesional que lleva ya 18 meses en el Batallón de Alta Montaña del municipio de California,
Otra carta del soldado Ortega

en el páramo, a 3800 metros de altura, donde el frío arrecia “día y noche” y donde están ahora 100 soldados como él, resguardados del frío, del viento que corre como un venado blanco, que quema la cara y reseca los labios a pesar del pasamontañas (éste es más bien para asustar a los campesinos). La rutina en esta soledad a veces golpea mi ánimo, me muele y me hace doler las tripas; creo que a todos nos pasa lo mismo, sentimos a veces esa tristeza, esa sensación de abandono que hasta mi teniente la siente, así no diga nada y ya no escriba cartas a su novia porque nunca le contestó y ahora “le tira los perros” a una maestra del pueblo que parece sí le “para bolas” porque ahora sí se ríe y sale más con nosotros.

Aquí, como le conté, estamos más alejados del mundo que el berraco por “cuidarle el culo a los ricos, atajando la guerrilla y ahora también a los “narcos”, sus vías de comunicación, solos, sin el ruido de la ciudad, sin el ruido de la pólvora que en esta época navideña resuena en los cielos de mi patria, con nostalgia, sin las novias que en cada carta que llega, nos prometen amor eterno como en las rancheras de Vicente Fernández: “pero qué quieres que haga vida mía, si el corazón tan solo siente tu boca, tus ojos y tu pelo. Los llevo en mi mente noche y día no me pidas que deje de quererte después de que te entregué la vida mía”.

¿Cómo les parece? Ya no hacemos disparos como cuando llegamos y decíamos que era pólvora, ya con el tiempo nos pasó el miedo. Tenía que pasarnos el miedo en las noches, cuando la luna se esconde y no se ve una estrella en ese firmamento inmenso, pero también bello. Nos seguimos levantamos temprano después, de hacer turnos de a dos cada 2 horas en la noche.

A las 5 nos bañamos o hacemos que nos bañamos en esa agua que a veces se congela y que viene de una laguna hermosa que está más arriba de donde está el campamento de la empresa canadiense. El agua de esa laguna es verde y a veces es azul, es bellísima y dicen los lugareños, la gente de por aquí, que en ocasiones “aparece un india bellísima cubierta de oro y al que se le aparezca se vuelve rico”. Huevonadas, me parece, pero de esas lagunas no sacamos indias sino unas deliciosas truchas que complementan nuestra alimentación de latas. Le cuento mi novia ya no me escribe a pesar de decirme varias veces que: “por alguien como tú por Dios que dejo todo”. Toca aguantar esas mentiras, ya que importa.

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