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Su majestad, el abrazo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-09-02 05:00:00

Su majestad, el abrazo

Un viejo sabio decía que un ser humano necesita recibir, al menos, cuatro abrazos al día para sobrevivir; y que requiere de dar ocho más para sentir la energía de la vida.
Su majestad, el abrazo

Y nada más cierto que esa singular receta de ‘abrazoterapia’.

Porque el abrazo, cuando es sincero, cuando no es morboso y, sobre todo, cuando es recíproco, tiene la medicina precisa para curar el cuerpo y el alma.

No se trata sólo de estrechar entre los brazos a alguien como expresión de cariño; es rodear, es decirle a esa persona: “aquí estoy y cuente conmigo”.

El abrazo es calor, es amistad, es apoyo, es ternura y es amor.

De manera desafortunada nos acostumbramos a dar abrazos sólo en ciertos casos específicos: cuando se debe felicitar a alguien, cuando nos desbordamos en algún tipo de emoción, cuando sostenemos una relación de pareja o incluso en un funeral.

En nuestra sociedad, un tanto machista, es tan limitado el abrazo que es ‘raro’ que un hombre le dé uno de ellos a otro. Eso sólo se ve cuando el equipo de fútbol hace un gol; ahí sí llueven los abrazos.

El caso es que sólo abrazamos cuando estamos llenos de gozo o cuando estamos sumergidos en la más profunda tristeza. Y eso no está mal, todo lo contrario, qué mejor antídoto que el abrazo para calmar ansiedades.

Sin embargo, no debemos olvidar que abrazar nos sirve para recargar baterías. Cuando usted da un abrazo sincero, es portador de una sana energía y, por supuesto, se fortalece.

Abrazar alimenta más que la comida, sana más que una medicina, consuela más que una voz de aliento. Y ha de saber que, no hay nada más económico que un abrazo.

Practique la ‘abrazoterapia’ con su hermano, con su esposa, con sus hijos y con sus amigos; ¡claro! hágalo de una manera desinteresada y aleje el morbo. Incluso, todos los días usted mismo se puede dar un abrazo. Notará que los resultados pueden ser espectaculares.

¿Qué se logra con este ejercicio?

Confianza, protección, seguridad, valor; y para los enfermos, es sinónimo de sanación.

¿Ha ido alguna vez a un asilo?

Si lo hace, dele un abrazo a un anciano. Por muy frágil que ese ser esté, notará el calor, la fuerza y la calidez de ese acercamiento.

El abrazo irradia una grandiosa y estable autovaloración de lo que somos. Además, con él nos animamos y podemos resistir lo que se nos presente.


UNA HISTORIA SINGULAR, PERO REAL

¿Sabe usted quién es la persona más amable del mundo?

Es un hombre entrado en años, llamado Lee Shapiro.  Hoy él es un juez retirado; sin embargo, su forma estricta de ser, en el pasado, lo llevó a ser muy seco y duro.

En un momento de su carrera profesional, Lee se dio cuenta de que más allá de las leyes y de las normas, las cuales se deben respetar, el abrazo podría llegar ser el poder más grande que hay en el mundo.

Y como resultado de ese descubrimiento creó su propia iglesia, la cual llamó así: la ‘religión’ del abrazo.

¿Cómo se practica tal doctrina?

¡Pues, dando abrazos!

Sus colegas comenzaron a llamarlo ‘el juez de los abrazos’.

En el parachoques de su automóvil se lee: “No me fastidie, mejor deme un abrazo”.

Hace más o menos seis años, Lee conformó lo que él llama su ‘equipo del abrazo’. Por fuera dice: “un corazón por un abrazo” y contiene treinta corazoncitos rojos. bordados con un adhesivo al dorso.

El veterano hombre saca su singular ‘equipo’, se acerca a la gente y le ofrece un corazoncito rojo a cambio de un abrazo. Al principio, muchos lo tildaron de homosexual.

Sin embargo, gracias a esa práctica ha llegado a ser tan conocido que, con frecuencia, le invitan a conferencias donde puede compartir su mensaje.

Un día un periodista de televisión le hizo una propuesta al aire y en una de las calles más congestionadas de su ciudad: le propuso que demostrara si era capaz de darle un abrazo a un conductor de bus en directo.

- ¡Mire!, ahí viene un autobús, lo desafió el comentarista.

“Muchos conductores, no todos por suerte, hacen parte del grupo de gente más dura y estresada que hay en la ciudad. Vamos a ver si consigue usted que uno de ellos le dé un abrazo en público”.

Lee aceptó el reto. Cuando el vehículo llegó a la parada, le dijo al conductor:

“Hola, soy el juez de los abrazos. El suyo debe ser uno de los trabajos más agotadores del mundo. Hoy ando ofreciendo abrazos a la gente para aliviarles un poco la carga. ¿Le apetece uno?

El ‘hombrón’, de un metro ochenta y más de ochenta kilos de peso, se levantó del asiento, bajó y le dijo: ¿Por qué no?

Lee lo abrazó, le dio un corazón y lo saludó con la mano mientras el bus volvía a arrancar.

Los del equipo de televisión se quedaron mudos.

¿Cómo se puede convencer  un corazón frío?

La clave es ser recordado por las huellas que dejamos y por aquello que damos y decimos con amor. Y un abrazo nos deja huella.

 

ABRAZO ETERNO

¿Sabía usted que varios arqueólogos italianos descubrieron en ese país a una mujer y a un hombre, sepultados desde hace 5.000 o tal vez 6.000 años, cuyos restos comprobaban que al momento de morir estaban abrazados?

El acontecimiento fue catalogado de “extraordinario”, pues se presume que la pareja habría muerto de amor.

La historia, que más podría parecer un libreto de una obra mítica, hechizó a muchos porque, según trascendió, “los huesos unidos evidenciaban una extraña energía, la cual  hizo llorar a los arqueólogos de la emoción”.

“Se siente una paz divina”, relató uno de ellos.

Y es que jamás se había encontrado un ‘sepelio doble’, al menos no del periodo Neolítico. Tampoco es común que dos personas se entierren abrazadas.

Las dos personas de la fosa, de las cuales ya se tiene la certeza de que eran un hombre y una mujer, murieron jóvenes porque sus dientes estaban en su mayoría intactos y sin desgastar.

Pero, más allá de las edades, está la prueba fehaciente de que uno se puede fundir con otra persona en una abrazo eterno.

 

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