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Editorial
Sábado 25 de septiembre de 2010 - 06:48 PM

Un mal que lleva cien años

Todos los Gobiernos de por lo menos los últimos 100 años, han caído en el mismo error.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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Sin excepción digna de mencionar, han insistido en pensar que los problemas más apremiantes que aquejan al país se pueden solucionar expidiendo una ley, arreglando un decreto o redactando una norma.

Esa tradición inservible, ha quedado nuevamente en evidencia, con varias propuestas presentadas por el Ejecutivo al Congreso. Propuestas que a pesar de que tienen las mejores intenciones, si fueran aprobadas, difícilmente solucionarían los conflictos que pretenden acabar en la vida real porque muy posiblemente, jamás llegarán a verla.

Temas como el de desclasificar la información de inteligencia del Estado, la enésima transformación  judicial y la más reciente reforma política, el aumento de penas para los corruptos, las modificaciones al DAS o como se quiera llamar a la agencia que eventualmente lo reemplace, la prohibición para que grandes empresarios financien campañas políticas y un larguísimo etcétera, hacen parte de la nutrida lista.

Lista que, hay que insistir, puede que se apruebe en el papel, pero no se transformará en soluciones efectivas para la vida cotidiana.

Pruebas de lo anterior sobran. De hecho, se pueden ver todos los días con sólo salir a la calle.

Es que en teoría, en este país está prohibido botar basura a la calle, pero las ciudades son un muladar completo; el Gobierno debe proveer educación a los menores, pero cientos de miles se quedan iletrados y el Estado que según la Constitución está obligado a proteger los bienes, vida y honra de sus ciudadanos, observa impávido cómo la extorsión, el secuestro y en fin, la inseguridad en todas las modalidades, no le dan respiro a las urbes colombianas.

Por esa razón, es que hay que atacar el problema por donde es. Y esa manera es fortaleciendo las instituciones, pero sobre todo asegurándose que desde el Fiscal General, pasando por el Procurador, los jueces y hasta el más novato de los policías, hagan cumplir las leyes.

En otras palabras, es bajando los escandalosos índices de impunidad que son por sí mismos los principales patrocinadores del caos y el desorden, la única manera de llegar a una sociedad decente, ordenada y segura. Esa es, al fin y al cabo, la única manera de dejar atrás la pobreza y alcanzar el desarrollo.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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