La sublevación de policías ecuatorianos desatada ayer por una Ley que limita sus ingresos dejó al menos cinco muertos (dos policías) y 193 heridos, tras tener al país en vilo durante una jornada que acabó con el rescate del presidente Rafael Correa del hospital en el que estaba retenido por los rebeldes.

Publicado por: AFP
Correa cumplía ayer actividades en su despacho -según la agenda oficial- después del operativo militar en el que fue liberado y que dejó dos víctimas fatales y 37 heridos durante un fuerte tiroteo con policías insubordinados.
El ministro de Interior, Gustavo Jalkh, declaró a la prensa que la Policía retomaba sus actividades.
Entre tanto, el dimitente comandante de la Policía, general Freddy Martínez, afirmó que la institución vive en "relativa calma", anotando que el jueves "fue un día lamentable, crítico, caótico, pues estaba de por medio la seguridad del Presidente".
Denunció "infiltración de gente interesada en desestabilizar" a la institución.
Revisar Ley
Martínez pidió igualmente al Gobierno "que se revise con acuciosidad la Ley Orgánica del Servidor Público, ley polémica que causó esta serie de desatinos, para que no se afecten los derechos de los policías".
El general Patricio Franco fue designado en reemplazo de Martínez.
"NO HABRÁ PERDÓN NI OLVIDO": PRESIDENTE
Correa, quien trabajaba en la Casa de Gobierno rodeada por soldados armados con fusiles, tildó los hechos del pasado jueves como un "intento de golpe de Estado".
El Mandatario ecuatoriano anunció en una rueda de prensa ayer en la madrugada que destituirá a los policías que se rebelaron señalando que "aquí no habrá ni olvido ni perdón", y agregando que no derogará la Ley, la cual fue aprobada el pasado miércoles por el Legislativo controlado por el oficialismo.
Durante su secuestro, responsabilizó del intento de golpe de Estado a la oposición y sectores de la fuerza pública afines al ex mandatario Lucio Gutiérrez, derrocado en abril de 2005, quien rechazó la acusación.
En el poder desde enero de 2007, el economista de profesión recibió el respaldo de la comunidad internacional, incluyendo a la ONU y la OEA, además de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y de todos los gobiernos latinoamericanos.
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) condenó la rebelión en una cumbre convocada de urgencia en Buenos Aires, expresando en su declaración final "la necesidad de que los responsables de la asonada golpista sean juzgados y condenados".
El bloque resolvió el viaje de sus cancilleres a Quito, adonde llegarían ayer por la tarde, al igual que el secretario de la OEA, José Miguel Insulza.
Correa, ante dilema de radicalizarse o conciliar
La rebelión policial superada por el presidente Rafael Correa lo fortalece y lo ubica ante la disyuntiva de radicalizarse, como hizo su aliado venezolano Hugo Chávez tras el golpe de Estado de 2002, o ser más conciliador.
Analistas consultados coinciden en que Correa salió fortalecido de la crisis, pero que ésta desnudó una vulnerabilidad del mandatario, que además fue agredido ante las cámaras por los manifestantes cuando los retó en un regimiento policial que habían tomado.
"Salió fortalecido porque logró salir del secuestro sin ninguna condición, pero hay que ver si se mantiene el triunfo a largo plazo", dijo Simón Pachano, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
"Sale fortalecido, pero la rebelión pone un cuestionamiento sobre la estabilidad del Mandatario, se ve que es vulnerable frente a estas instituciones", matizó la directora del Observatorio Político de la Universidad Católica, Patricia de la Torre.
Hernán Reyes, catedrático de la Universidad Andina, considera que la crisis "le da serios elementos al Presidente para pensar que la debilidad institucional persiste". En su criterio, Correa con una personalidad volcánica, "no solo dio muestras de imprudencia sino que fue objeto de maltrato por miembros de una institución del Estado, lo que puede afectar su autoridad".














