El luto de La Fortuna | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 01:43:22

El luto de La Fortuna

¡A los salooones!, gritaba con voz gruesa Vladimir Naranjo, el profesor más antiguo que tenía el Colegio Agropecuario La Fortuna. Ya no está, pero el eco de su alegre vozarrón sigue recorriendo los pasillos, los salones y la improvisada cancha que es más grande que las instalaciones de este centro educativo, a 40 kilómetros de Barrancabermeja.
El luto de La Fortuna

Vladimir no se fue solo. El mismo d√≠a de su partida, el mi√©rcoles 30 de julio, se fueron sin quererlo, abruptamente, como un soplo que el destino escupe, seis de sus compa√Īeros.
Se fue Johan Calvo, profesor de sociales, filosof√≠a, ciencias pol√≠ticas y religi√≥n. Tambi√©n Yesenia Pe√Īaloza, que dictaba espa√Īol en todos los cursos de bachillerato. Ese era su √ļltimo d√≠a en La Fortuna porque hab√≠a sido trasladada a otra instituci√≥n. Y Cindy Estefany Barrag√°n, la m√°s joven de todos, que ten√≠a a su cargo a los alumnos de tercero de primaria.

Tras ellos tambi√©n se fue Gabriel √Āngel Beltr√°n, que ense√Īaba inform√°tica y educaci√≥n f√≠sica en todos los grados y estaba reci√©n casado. Y se les uni√≥ Elga Johana G√≥mez, m√©dica veterinaria que hac√≠a s√≥lo ocho meses se hab√≠a estrenado como mam√°.

Dentro del grupo, tambi√©n parti√≥ Mayerli Hern√°ndez, que ninguno conoci√≥ en La Fortuna porque ese tr√°gico mi√©rcoles era su primer d√≠a de trabajo como docente de matem√°ticas. Pero eso ya no importa. En una de las paredes de la rector√≠a, una fotocopia ampliada de su rostro est√° junto a otras de los que hubieran sido sus compa√Īeros. Es el mosaico de la tragedia.

Tambi√©n est√° la foto de Jes√ļs David Daza, alumno de noveno grado y la de don Manuel, como todos llamaban al conductor de la buseta en que finalmente se marcharon de un solo golpe.

Seis de los diez profesores que hacían parte del grupo que trabajaba en la sede de bachillerato de La Fortuna, murieron a pocos kilómetros de salir de Barrancabermeja. El dolor que se vive en el colegio, es el mismo que sentiría quien hubiera perdido de un tajo al 60 por ciento de su familia.

El peso del rector

A 80 kil√≥metros de Bucaramanga aparece a lado y lado de la carretera que va hacia el norte del pa√≠s, un corregimiento min√ļsculo donde abundan los estudiantes. Unos llevan sudaderas rojas y otros van con botas pantaneras.
Hace calor en La Fortuna.

De Barrancabermeja a La Fortuna hay 40 minutos, pero una buseta que transporta alumnos y profesores lo hace en una hora.
Desde hace un a√Īo, Manuel Enrique R√ļa Castro sal√≠a diariamente a este corregimiento a las cuatro de la ma√Īana. Iba y ven√≠a. Todos lo conoc√≠an.
El d√≠a del accidente ten√≠a la ruta que com√ļnmente transporta a profesores, incluido al rector del colegio. ¬†

El martes, la buseta tuvo el cupo lleno; diecinueve profesores. Pero el mi√©rcoles, Gustavo Prada Russo, que hace cuatro a√Īos dirige la instituci√≥n educativa de La Fortuna, no la utiliz√≥ porque ten√≠a una reuni√≥n de rectores en la Secretar√≠a de Educaci√≥n del municipio. Se salv√≥, pero estar al frente de semejante tragedia, lo desmoron√≥.

Eran las 6:20 de la ma√Īana cuando recibi√≥ la llamada de una profesora del colegio que vive en el corregimiento. ¬ďHubo un accidente con la buseta que transporta a los docentes, se mat√≥ don Manuel y hay docentes heridos¬Ē, fue lo que alcanz√≥ a decir en medio de la angustia.
Gustavo marc√≥ a los celulares de siete de sus compa√Īeros y ninguno contest√≥.
¬ďCog√≠ la moto, le ech√© gasolina y me llev√© el carn√© para identificarme como rector. Cuando iba ya ven√≠an las ambulancias hacia Barrancabermeja. No dejaban pasar a menos de 100 metros y todo estaba acordonado¬Ē, dice.

Otro conductor conocido le soltó lo que a gritos se oía: Ocho profesores muertos, cuatro heridos y don Manuel. Finalmente serían 13 las víctimas fatales.
Gustavo no se movió del lugar hasta que hicieron el levantamiento de todos los cuerpos. Llegaron familiares y en medio de su angustia -sabiendo quiénes habían muerto-, no fue capaz de decirles.

¬ďYo sent√≠ como si me hubieran desmembrado, porque ellos eran mi equipo de trabajo. √Čramos 16 docentes. Se me llevaron casi toda mi sede para el cielo¬Ē, dice Gustavo sentado en la rector√≠a y mirando fijamente el mosaico provisional de los que ya no est√°n.
En La Fortuna la noticia se reg√≥ como veneno antes de las siete de la ma√Īana. Gustavo dio la orden de cerrar temporalmente el colegio porque sab√≠a que en Barrancabermeja decretar√≠an unos d√≠as de duelo. Fueron dos.

El lunes siguiente, cuando las clases ten√≠an que reiniciar y luego de un entierro al que asisti√≥ la mayor√≠a de habitantes de La Fortuna, el alcalde de Barrancabermeja mont√≥ una estrategia de acompa√Īamiento a cargo de 12 profesionales entre psic√≥logos, psiquiatras y psicopedagogos.

¬ŅQu√© decir? ¬ŅC√≥mo empezar? ¬ŅSeguir?
¬ďHubo una ni√Īa que no volvi√≥. Era hu√©rfana de madre y hace poco le hab√≠an matado a su padre. Ella estaba muy apegada a una de las docentes -que sobrevivi√≥ al accidente- y no volvi√≥.

La tía que dejaron

Para Aynelda Isabel Ruiz, la profesora de producción agrícola de La Fortuna, el dolor ha sido doble.
Ese tr√°gico mi√©rcoles tambi√©n muri√≥ su sobrino Jes√ļs David, que hab√≠a llegado tan solo en mayo a vivir con ella. Estaba en noveno grado, ten√≠a 17 a√Īos, amaba el campo y por eso estaba en La Fortuna.

Ese d√≠a salieron juntos a esperar la buseta. ¬ďYo me vine con mi sobrino a la parada, nos encontramos con el profesor Gabriel, pero olvid√© las llaves de la herramienta y me devolv√≠. Yo les dije que me esperaran y no lo hicieron. Se fueron con don Manuel¬Ē.
Ella logró tomar otra buseta, pero en medio del camino recibió una llamada preguntando por lo que había pasado.
- ¬ďSi, s√≠, la buseta donde ustedes ven√≠an, ¬Ņqu√© les pas√≥?¬Ē, fue lo que escuch√≥.

Quedó atrapada en medio del trancón que ya se había armado en la vía y corrió hasta el sitio.
Llegó justo cuando sacaban a su sobrino, que murió dos horas después.
Ahora guarda en su celular unas fotos de Jes√ļs David que le tom√≥ el d√≠a anterior al accidente. Tambi√©n tiene las del D√≠a del Profesor. Se voltea y mira el doloroso mosaico. El llanto es inevitable.

¬ďAyer entr√© al sal√≥n de noveno y al escucharlos siento como si los alumnos quisieran que los suplentes fueran iguales a los que ya no est√°n. Todos ellos oraban antes de iniciar sus clases. Eso lo extra√Īan. Y me dicen: Hay profe¬Ö entienda, es que a veces nos acordamos¬Ē.
Aynelda siempre le dec√≠a a su sobrino: Dios te guarde y la sangre de Dios te cura. Pero ahora s√≥lo recita la segunda parte porque de tanto decirlo ¬Ėafirma-, a su sobrino Dios lo guard√≥ para siempre.

En el pueblo

Esther Pati√Īo vive en La Fortuna y es la profesora de primaria. Esta sede, a la que llaman ¬Ďla¬† escuela¬í, est√° separada de la principal por la carretera central.
Ella fue una de las primeras personas que se enteró del accidente porque una madre de familia llegó con la noticia hasta su casa.
¬ďYo llam√© a Gustavo, quer√≠a saber qu√© hab√≠a pasado. Inmediatamente le marqu√© a Cindy pero no me contest√≥. Le marqu√© a Tulio, uno de los sobrevivientes y cuando me contestaron s√≥lo o√≠ un lamento y el celular se apag√≥¬Ö no volvi√≥ a responder¬Ē, cuenta.

Con otra profesora fueron directo a las clínicas en Barrancabermeja y pronto se enteraron de los nombres de las víctimas.
¬ďA Cindy ni siquiera la pudimos volver a ver. Ten√≠amos la costumbre de ¬Ďun compartir¬í diario y ese d√≠a le tocaba a Cindy. La hermana me cont√≥ que tra√≠a unas arepas¬Ē.
Ester dice que en La Fortuna nunca habían sentido un dolor tan grande. Ni siquiera en la época en que las muertes selectivas azotaron Barrancabermeja.
¬ďY nos seguimos preguntando; ¬Ņqu√© sucedi√≥?¬Ē.

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