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“Soy el menor del salón” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 02:57:30

“Soy el menor del salón”

Cada día es mayor el número de casos de estudiantes que egresan a más temprana edad de las instituciones educativas e ingresan a la vida universitaria.
“Soy el menor del salón”

Así lo señalan los maestros de los colegios y las universidades, quienes no logran comprender por qué los padres de familia no esperan a que sus hijos tengan la edad adecuada para cursar cada nivel académico.

Si bien es cierto que una de las causas de la inmersión temprana es porque papá y mamá deben trabajar todo el día y prefieren que sus hijos estén en una institución y no solos en casa, los padres de familia sustentan que no siempre es así. Según ellos, también se dan los casos de estudiantes que han reprobado años o se inscriben después de la edad promedio, provocando que estos sean mayores, respecto a los que llegan al grado escolar por primera vez.

Este es el caso que vive hoy Paola, estudiante de un colegio privado de la ciudad. De acuerdo con Luz, su madre, la pequeña tiene 11 años y cursa sexto bachillerato junto a compañeros y compañeras que están entre los 12 y 13 años.

“Mi hija aún tiene cuerpo y mentalidad de niña, pero sus compañeros ya piensan y actúan como grandes. Tienen otro estilo de vida y me da miedo de que eso haga que mi hija, por querer parecerse a ellas, deje de ser lo que es”, dice esta madre de familia, quien ha visto como excluyen a su pequeña de las conversaciones y de encuentros de esparcimiento.

Paola, después de la jornada de estudio, llega a su casa a contarle a su mamá lo que pasa en el colegio. Por ejemplo, que a la hora del descanso sus compañeras no juegan lo que a ella le gusta, como el escondite o ‘la lleva’, sino que prefieren hablar de novios o reunirse con estudiantes de niveles superiores.

A pesar de que su hija le manifiesta que no está de acuerdo con lo que hacen los demás, siente temor de que la pequeña no resista sentirse diferente y quiera parecer más grande, y se prive de vivir de acuerdo con su edad.

¿Qué hacer? Frente a esto, Vanguardia Liberal consultó a profesionales y expertos en el tema.

Un reto de convivencia

Muchos padres de familia insisten en adelantar a sus hijos para que terminen el bachillerato más temprano, provocando que ingresen más jóvenes a la universidad, con mayor riesgo de enfrentar cosas para las que el cuerpo y la mente no están preparados.

Este es el pensamiento de Lucy Garnica Mayorga, psicóloga y especialista en pedagogía y semiótica, quien  reconoce que a pesar de que el estudiante tenga buen rendimiento académico, la convivencia con compañeros de diferente edad no deja de ser difícil.

“Ser el menor dentro del grupo puede provocar que sea rechazado e incomprendido, por eso, con el fin de evitar estas situaciones incómodas, puede buscar parecerse a los demás, lo cual no es lo mejor. La idea es que cada quien reconozca los aspectos propios de su edad y de otras edades, es decir, su propio proceso con el apoyo de la familia”, afirma Lucy.

Esta profesional, quien además es maestra de la Fundación Colegio UIS, agrega que la presión del grupo es fuerte y para lo que el estudiante debe estar formado con autoestima para conocerse y valorarse, y con fortaleza de autoconocimiento y reconocimiento de que lo que está viviendo hace parte de su formación. Por esto, papá y mamá deben propiciar otros momentos o espacios diferentes a los del colegio, para que sus hijos estén con personas de su edad con las que compartan intereses. Que identifique en el grupo sus afinidades.

Como padres de familia, agrega Garnica Mayorga, una buena estrategia es ser amigos de otros padres con los que se conozcan y se relacionen telefónicamente. Además, por ejemplo, organizar actividades de finca o piscina a las que se inviten los compañeros de los hijos para conocerlos.

“Es mejor propiciar estos espacios a los que, incluso, se pueden invitar los padres de los compañeros, no es correcto que los menores salgan sin la supervisión de un adulto. Después, a partir de los 15 años, no negarles tantos permisos, pues esto puede hacer que mientan para escaparse, lo cual puede terminar afectando la convivencia familiar”, afirma la especialista en pedagogía, al tiempo que agrega que en las instituciones educativos, el equipo de bienestar estudiantil debe manejar talleres con padres e hijos en los que se incentive la integración, expresión de sentimientos y necesidades.

¿Qué tipo de trabajo propiciar entre compañeros de clase? Frente a esto, Lucy Garnica señala que un buen paso puede ser la proposición de trabajos de tolerancia, convivencia y acercar la diferencia, pues en la niñez y la adolescencia suele reaccionarse de manera cruel frente al otro. Una muestra de ellos son los apodos como “la gorda esa” o “el balón con patas”.

“Algunas señales que pueden indicar que algo pasa en el ambiente escolar del hijo es cuando, de repente, responden feo, se vuelven groseros, desobedecen, ahora es mentiroso. Aquí es necesario revisar qué está pasando y si los compañeros están influyendo”, concluye Lucy Garnica Mayorga.

El reto de los maestros

De acuerdo con Dora Herrera Anaya, Facilitadora de desarrollo personal y rectora del Instituto Luis Carlos Galán Sarmiento de Bucaramanga, cuando el maestro asume el compromiso con un grupo de estudiantes, lo primero que debe hacer es un diagnóstico del aula. Intentar el conocimiento de las historias de vida de cada uno, averiguar cómo fue su rendimiento académico y disciplinario en años anteriores, qué reconocimientos ha tenido, qué premios, qué sanciones.

“En lo posible reconocer cómo es la relación del estudiante con sus padres, con quién vive, detectar si su papá o mamá asiste a las reuniones a las que se convocan. Tener este conocimiento previo es un compromiso ético y moral del maestro, pues es un diagnóstico que se constituye en fuente de información para comenzar a liderar estrategias”, señala Dora Herrera, quien resalta que la tarea principal de maestros es generar autonomía en los niños y jóvenes para que ellos mismos sean observadores de su entorno y, así, reconozcan quiénes son sus compañeros, si son mayores, cómo son sus comportamientos.

Al niño debe formársele un juicio moral que debe comenzar desde los primeros años de vida para que a futuro identifique qué es lo que le conviene y lo que no le conviene. De igual manera, papá - mamá y maestros, propiciar confianza para que los menores les comenten las situaciones que los incomodan.

LA VOZ DEL EXPERTO
Lo que dice la psicóloga / Diana zuleta londoño / Psicóloga clínica de niños y adolescentes

“El desfase de edad significa una distancia de madurez y desarrollo neurológico entre unos y otros, lo que puede provocar que los menores tengan que adaptarse a las exigencias y ritmo de enseñanza - aprendizaje de los mayores.

Lo más seguro es que el mejor se sienta raro y, para no sentirse excluido, busque aparentar ser como los demás, así no esté preparado o no le interese.
Lo ideal sería que los colegios tuvieran varios cursos para ubicar a los estudiantes de acuerdo con su edad y madurez. Sin embargo, no siempre se cuenta con esta posibilidad.

Una niña de 10 y otra de 12 son dos mundos diferentes y compaginar eso es muy complicado. La de 10 trata de igualarse para no quedarse sola y los maestros por la falta de tiempo no pueden hacer mucho.

Los maestros deben propiciar actividades en las que los niños estén juntos, se integren más. Hablar con ellos y mostrarles  que no es necesario que los menores aceleren el proceso de crecimiento, pues para todo está su momento”.

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