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Tragedias que no cesan | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-09-24 01:18:13

Tragedias que no cesan

Tragedias que no cesan

Pero al decir que somos violentos dejamos el asunto en el simple esquema porque el hombre, como especie, es violento por naturaleza.

En Colombia se han llevado a cabo más de dos mil actos de violencia colectiva con el propósito deliberado de masacrar ejemplarmente al oponente.

Para lograrlo, los autores intelectuales celebran alianzas con actores funestos del conflicto interno, “alegremente” ejecutan crímenes colectivos de lesa humanidad (con la convicción de que quedarán en la impunidad) y más pronto de lo imaginable ellos mismos son sepultados por otros del mismo perfil ejecutados o bien por los mismos actores, o por otros que en cualquier momento brotarán en un país donde los conflictos no terminan sino que se enquistan y entrelazan.

Así, en nuestro suelo cada acto de terror colectivo es una nueva herida que no cierra jamás. Por eso cada nueva generación de colombianos tiene más heridas sin sanar que las que tenían sus mayores.

De todos los actos de barbarie que ha habido en Colombia entre el 9 de abril de 1948 y nuestros días, ninguno ha sido clausurado correctamente porque no conocemos la verdad completa de cada episodio de violencia. La impunidad es un ave negra que merodea constantemente sobre cada hecho salvaje.

Eso hace que nuestro conflicto interno armado siga permanentemente vigente y que en la memoria de varias generaciones de colombianos haya una insatisfacción perenne, un anhelo de justicia pendiente y una reivindicación no satisfecha. Eso, como carga sociológica, es lacerante.

Indalecio Liévano Aguirre, uno de los historiadores colombianos del siglo XX que más comprendió, investigó y profundizó en las causas de nuestra centenaria violencia, señala en “Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de Nuestra Historia”, que desde las primeras confrontaciones sociales que hubo en el suelo de lo que es hoy la República de Colombia, estuvo presente el deseo de justicia de unos y el ánimo de hacer uso de la violencia de otros.

Y si se detiene la mirada en cada hecho de violencia colectiva del último siglo, son una constante las alianzas vergonzosas, los crímenes más salvajes y la idea de que un homicidio individual puede no quedar impune, pero una masacre sí.

Eso ha quedado en evidencia una vez más en días pasados cuando el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, con la coordinación del historiador Gonzalo Sánchez, presentó al país el informe “Trujillo, una tragedia que no cesa”, que analiza y estudia los hechos ocurridos en la región de Trujillo (Valle del Cauca) entre 1988 y 1994, en los que fueron torturadas y asesinadas cerca de 350 personas.
La pregunta que queda en cada persona que lee tal informe es: ¿Hasta cuándo?

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