La muerte del pequeño Esteban Giraldo, de 7 años, quien la madrugada del primero de enero fue víctima de una bala perdida que se alojó en su cabeza en hechos ocurridos durante la celebración del Año Nuevo en el barrio San Nicolás, del municipio de Soacha, Cundinamarca, reabrió el debate sobre el uso irresponsable e indiscriminado de las armas de fuego.

Publicado por: REDACCION JUDICIAL
Esta problemática, que afecta a todo el país y no solo ocurre durante las fiestas de Navidad, dejó el año pasado en Bucaramanga y el área metropolitana ocho personas muertas, entre ellas tres niños, dos mujeres y tres hombres.
Y aunque, al igual que con el caso del niño Esteban Giraldo las autoridades han unido esfuerzos para capturar a los responsables de dichas muertes, la mayoría de estos casos quedan en la impunidad.
Para la muestra está que de las ocho víctimas fatales que dejaron las balas perdidas en Bucaramanga, en sólo dos de los casos los responsables fueron capturados y los otros seis permanecen en la impunidad.
El drama de las balas perdidas, una problemática que al año deja en Colombia cerca de 300 víctimas, también lo padecen otras tres familias cuyo jolgorio y la algarabía, durante la llegada del Año Nuevo, fue interrumpido por las balas de unos cuantos imprudentes y desadaptados.
En Medellín, por ejemplo, un niño de cinco años se debate entre la vida y la muerte tras ser herido por una bala que se alojó en su cabeza. En Barranquilla la víctima fue un menor de 15 años y en Cali un bebé de cinco meses recibió un proyectil en el abdomen.
Pese a que las autoridades ya han ofrecido cerca de $25 millones de recompensa por el esclarecimiento de los cuatro casos ocurridos el primero de enero en Soacha, Medellín Barranquilla y Cali, el manto de la impunidad amenaza con dejar esas muertes archivadas en las estadísticas.
Tres niños
Sus casos no ocurrieron durante la Navidad, pero sus vidas sí fueron segadas por balas perdidas en diferentes barrios del norte de la ciudad, zona en la que el año pasado se presentaron seis de los ochos trágicos casos.
El más reciente se presentó el pasado 28 de octubre en el barrio Paisajes del Norte, donde un niño de 13 años recibió un disparo en la cabeza en medio de una balacera entre parches del sector.
La víctima se encontraba en la puerta de su casa y tras recibir el disparo se desvaneció, por lo que fue llevado al Hospital Universitario de Santander, HUS, donde murió tres días después. El mismo día de los hechos, la Policía logró capturar al presunto homicida, un joven de 20 años, que se encuentra recluido en la Cárcel Modelo de Bucaramanga.
El 12 de septiembre de 2010 la triste historia se repitió a las 11:00 de la noche en la carrera 23 con calle 1 del barrio San Cristóbal Norte, durante la celebración de la feria de Bucaramanga y otra balacera entre parches acabó con la vida de un niño de 13 años, a quien una bala perdida se le alojó en el cuello.
Al igual que en el caso anterior, la Policía logró arrestar al presunto autor de los disparos, quien está preso.
El otro niño muerto a causa de las balas perdidas tenía 10 años. Su muerte se produjo el 15 de julio a las 6:15 de la tarde en el barrio La Juventud, en el norte de la ciudad, minutos después de que el menor salió de su colegio.
Una balacera entre la Policía e integrantes de un parche acabó con la vida del pequeño que recibió un disparo en la cabeza y otro en el pecho, que le ocasionaron la muerte en el Hospital del Norte, cuando recibía atención médica.
Los presuntos responsables del crimen fueron arrestados, pero al día siguiente quedaron en libertad por falta de pruebas. A la fecha el caso sigue impune.
Sacados de la tranquilidad
Los otros tres casos son otra clara muestra de la irresponsabilidad en el manejo de las armas y del infortunio de las víctimas a quienes los sorprendió la muerte en medio de balaceras.
Al igual que en los casos de las dos mujeres, los autores de estas tres muertes gozan de su libertad bajo la complicidad de la impunidad en la que quedaron archivados sus casos.
El más reciente de estos tres ocurrió el pasado tres de noviembre cuando John Freddy Campos Barroso, de 29 años, se movilizaba en una AKT-125 de placa ELB-15B y fue impactado en el pecho por una bala perdida que lo hizo caer cuando circulaba por la carrera 4 del barrio Santander.
En principio la gente pensó que su caída obedecía a un accidente de tránsito, pero en el HUS confirmaron que la víctima había recibido un disparo en el pecho que le produjo la muerte. Testigos aseguraron que en el sitio donde se produjo el incidente se enfrentaban a tiros integrantes de dos parches.
La otra víctima fue Mauricio Tarazona Torres, de 25 años, quien el pasado 22 de agosto recibió un disparo en la cabeza en medio de una balacera que se desató tras un partido de fútbol en la cancha del barrio La Transición V, en el norte de Bucaramanga.
El otro caso se presentó el primero de mayo en el barrio Caldas de Floridablanca, donde un sujeto, en medio de los tragos, hizo varios disparos al aire. Una de las balas se alojó en el cuello de Celso Antonio Caicedo, de 58 años, quien se encontraba sentado en la puerta de su casa descansando.
Víctimas de balas perdidas en 2010
1 Noviembre 3, barrio Santander. John Freddy Campos Barroso, de 29 años.
2 Octubre 28, barrio Paisajes del Norte. Un niño de 13 años.
3 Septiembre 12, barrio San Cristóbal Norte. Un niño de 13 años
4 Agosto 22, La Transición V, en el norte. Mauricio Tarazona Torres, de 25 años.
5 Julio 15, barrio La Juventud, en el norte. Un niño de 10 años.
6 Mayo 16, barrio Corrales del Café Madrid, en el norte. Luz Marina Ruiz, de 34 años.
7 Mayo 1, barrio Caldas de Floridablanca. Celso Antonio Caicedo, de 58 años.
8 Abril 26, barrio Comuneros en el norte. Linda Andrea Porras, de 26 años.
Vidas truncadas
Durante abril y mayo del año pasado dos mujeres perdieron la vida en el norte de Bucaramanga a consecuencia de balas perdidas en medio de balaceras. A la fecha sus casos siguen impunes.
El primero de ellos se presentó el 26 de abril en el barrio Comuneros. La víctima fue Linda Andrea Porras, de 26 años, quien recibió un disparo en el pecho, en medio de una balacera, cuando estaba entrando a su casa acompañada por su pequeño hijo. La mujer fue llevada al HUS donde murió.
Veinte días después, es decir el 16 de mayo, la víctima fue Luz Marina Ruiz, de 34 años, a quien una bala perdida se le alojó en la cabeza mientras jugaba cartas en el sector de Corrales del barrio Café Madrid, en el norte de la Ciudad. El caso se presentó en medio de una balacera entre parches del sector que disputaban el control por el microtráfico de estupefacientes.













