Antes de leer esta página, cierre los ojos durante varios segundos. ¿Ya lo hizo?

Publicado por: Euclides Ardila Rueda
Ahora, con los ojos bien abiertos, piense en todo lo que le hizo sonreír en el 2010 que terminó. Recuerde cada una de las situaciones felices que la vida le regaló.
Tómese un minuto para hacerlo.
Ahora prométase multiplicar esas alegrías por el dígito que sus sueños lo permitan.
De pronto se está preguntando: ¿y qué hacer con lo malo que le ocurrió el año pasado?
Pues bien, déjelo por allá, en el ayer.
No es cuestión de olvidar de tajo. La idea es que recuerde sin dolor, porque cada situación negativa ocurrida le sirvió para crecer.
Lo que sucede con este tipo de situaciones es que usted no se puede quedar en el mismo peldaño de la vida, sufriendo por lo que pudo haber sido y no fue.
¿Sabe una cosa?
¡Es mejor recomenzar!
Desde hoy mismo le conviene reconstruir todos sus caminos o, en el mejor de los casos, perfeccionar los pasos que ha dado hasta el momento.
La verdad es que el terreno del mañana es incierto para los proyectos; y el futuro, por lo general, tiene la fea costumbre de caer en el vacío.
No viva afanado pensando cómo será el día de mañana, porque mientras lo hace ese mañana se le convertirá en el 'ayer'.
Eso sí, no debe olvidar que le corresponde tener serenidad para actuar.
Es con ella, con la capacidad de saber qué hacer en el momento preciso, que podrá sacarles partidas a las circunstancias que viva.
Con la serenidad, por citar sólo un ejemplo, Dios le permite conservar la cabeza fría, el corazón caliente y la mano lo suficientemente abierta como para ayudar a quien le pida algo.
La serenidad le da la tranquilidad para saber actuar. A veces, por su tacaña forma de vivir, usted se priva de todo y nunca disfruta de lo que el mundo le ofrece.
Hay mucha tardanza en el actuar y es en ese tiempo perdido donde suele anidarse el verdadero peligro.
No hay que esperar a ser viejo para enamorarse, ni tener el suficiente dinero para gozarse la vida. Tampoco debe esperar a que esté bien enfermo para ir al médico o esperar a que sus seres queridos estén en un ataúd para rezarles y, ahí sí, decirles que los quiere.
No se quede sentado esperando que las horas hagan de las suyas, para acordarse de que le corresponde vivir.
La campana del tiempo se escucha de manera incesante y cada año que pasa ella suena con más fuerza; no para recordarle que llegan las arrugas, sino para avisarle que la flecha del ajuste de cuentas ya está a punto de ser lanzada.
Puede caer la tarde, pero si sabe sacarle provecho al bienestar del crepúsculo, las difíciles situaciones que le lleguen se verán sobre su humanidad como un delicado velo.
Aprender a estar sereno le resultaría de mucha utilidad para enfrentar las cosas buenas y también las malas que el trasegar de su vida le traerá.
Al menos con esa tranquilidad podrá ver correr veloz del tiempo y jamás le quedará el sabor amargo de haber desaprovechado las grandes oportunidades que estuvieron frente a sus narices.
Además, aprenda a escuchar a los demás, acabe con los malos hábitos, crea en usted mismo e incluso dedíqueles el tiempo necesario a los placeres sencillos como los de hacer la siesta, dar un paseo, ver un buen programa de televisión, disfrutar de la naturaleza, en fin...
La clave no está en ver qué tan rápido se le va a pasar este año, ni en luchar contra él; sino en disfrutar del sano ritmo de la vida y convertir al tiempo en su aliado.
¿Cómo hacerlo?
Le reitero, con mucha serenidad.
Propóngase hacer lo que en realidad puede hacer este año; no planee lo que sabe que jamás hará.
EL ECO de la vida
El "eco" es algo más que la repetición de un sonido reflejado por un cuerpo duro. En realidad el "eco" es la vida misma, que le devuelve todo lo que usted dice o hace.
Su vida es simplemente un reflejo de sus acciones.
Si desea más amor en el mundo, cree más amor a su alrededor.
Si desea felicidad, dé felicidad a quien le rodea.
Si quiere que quien le acompaña le sonría, llene con su sonrisa cada momento de su vida.
"Dad y se os dará", decía Jesús.
Y el gran apóstol Pablo añadía: "Todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará".
La vida le dará de regreso, exactamente aquello que usted le ha dado.
Su vida no es una coincidencia; es un reflejo de usted mismo.
En la misma proporción que usted le da al mundo, él le da a su vida.
Y no lo olvide: si la adversidad le da limones, pues prepare una limonada;
eso sí, con la debida azúcar para no tener problemas de salud.
CUESTIONAMIENTOS
¿Alguna vez se ha planteado propósitos y
deseos de ser bueno?
¿Se ha dado cuenta de que cuando se plantea cambiar algunas actitudes, al rato vuelve a sus malas inclinaciones?
Si eso es así, ¿Por qué pretende que los demás sean buenos, si usted ni siquiera ha tenido fuerza de voluntad para darse ejemplo?













