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Caja de fósforos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 02:26:35

Caja de fósforos

Hace siglos, un cient√≠fico cubri√≥ una peque√Īa pieza de papel con f√≥sforo y la cabeza de una astilla de madera con azufre. √Čl frot√≥ la madera sobre el papel y cre√≥ una flama. M√°s tarde, otro investigador descubri√≥ que si cubr√≠a el extremo de un palillo con ciertas sustancias qu√≠micas y lo dejaba secar, pod√≠a encender un fuego en cualquier lugar, tan s√≥lo frotando el palillo.
Caja de fósforos

Los dos hechos se convirtieron en los pilares del llamado cerillo. Ese sencillo instrumento ha sido usado durante a√Īos para hacer fuego. Y as√≠ los encendedores modernos hayan intentado desplazarlo, el f√≥sforo sigue ardiendo en las estufas de los hogares y en los candelabros de los templos.

Usted se preguntar√°, ¬Ņqu√© tiene que ver eso con la P√°gina Espiritualidad?
¬°Pues bien! ha de saber que la felicidad, esa que usted y todos buscan por doquier, se asemeja a un f√≥sforo. ¬ŅC√≥mo as√≠? Analice los parecidos:

1. La felicidad es corta; como la vida del cerillo.
2. Cuando llega la felicidad se desborda; lo mismo le ocurre al  fósforo cuando se prende.
3. La luz que irradia alguien feliz sólo se puede comparar con el brillo de la llama del fósforo.
4. Si intenta acaparar la felicidad sólo para usted, se quema; igual sucede con  aquel cerillo que dura todo el tiempo en su mano.
5. A veces la felicidad se apaga, pero eso no significa que muera; así le ocurre al fósforo, al quemarse uno, usted encuentra más en la caja.

Lo esencial del mensaje consiste en saber que la felicidad se encuentra concentrada en porciones peque√Īas. Est√° en ese instante que usted disfruta como si fuera el √ļltimo.

Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es la que nutre su espíritu.

¬ŅC√≥mo encender los cerillos de su felicidad?
La respuesta a tal interrogante puede resultarle más fácil de lo que imagina; sólo se trata de elegir actividades que le hagan recuperar el matiz de su rostro.

Propóngase cumplir agendas sencillas que le proporcionen felicidad. Hay cosas tan elementales como las de contemplar el ocaso, salir a un día de campo, cambiarles las macetas a las plantas de su casa y hasta pasar dos horas metido en la tina.

Es cuestión de hacer algo que nos devuelva el entusiasmo; esa parece ser la solución al hastío que sienten muchos hoy día.
Por otro lado, debemos recordar que aunque todos los seres humanos cargamos con los fósforos, no podemos encenderlos solos; necesitamos de los demás para hacerlo.

Los fósforos de la felicidad se encienden cuando comprendemos que podemos iluminar a esa persona que nos pide ayuda.

S√≠, la felicidad suele ser tan peque√Īa como un f√≥sforo. Peque√Īa, pero logra avivar el hogar en invierno y el carb√≥n del asado; hasta nos sirve para presumir ante una dama inquieta que nos pide fuego.

Una tibieza placentera crece dentro de nosotros cada vez que encendemos un fósforo, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. O mejor, hasta cuando aparece un nuevo fósforo.

La vendedora

Hac√≠a mucho fr√≠o. Era la v√≠spera de Navidad y la gente transitaba con prisa para refugiarse al calor de sus hogares. S√≥lo una peque√Īa vendedora de f√≥sforos no ten√≠a d√≥nde ir, y pregonaba incansable su modesta mercanc√≠a.

No pod√≠a volver a la casa de su madrastra porque todav√≠a no hab√≠a vendido todos sus f√≥sforos. Mir√≥ a trav√©s de una ventana iluminada y pens√≥ que ser√≠a maravilloso estar con unos ni√Īos que hab√≠an adornado un lindo √°rbol navide√Īo.

- ¬ŅQuiere usted f√≥sforos, se√Īor?, pregunt√≥ a un caballero que pas√≥ a su lado.

- ¡No, gracias! Además, con este frío sacar las manos de los bolsillos no debe ser muy agradable, respondió el hombre, marchándose a paso raudo.
Empezó a llover con fuerza y el frío fue más intenso. La vendedora se refugió en un portal. Y como la helada temperatura era tan fuerte, encendió uno de los fósforos para calentarse las manos.

En medio de aquella luz, se le apareci√≥ un √°rbol navide√Īo. Cuando el f√≥sforo se apag√≥, el √°rbol se desvaneci√≥. Al encender otro vio en el c√≠rculo de la llama la figura de su madre, que estaba en el cielo.
-Mam√°, mam√°, ¬Ņpor qu√© no me llevas contigo?, le grit√≥ la peque√Īa vendedora.
Sonriendo, su madre le cogi√≥ la mano y le invit√≥ a subir por una largu√≠sima escalera de nubes. A pesar de eso, la ni√Īa no sinti√≥ cansancio alguno, ni la fr√≠a caricia del viento.

Nuestra amiga era feliz por estar junto a su progenitora.
A la ma√Īana siguiente, los transe√ļntes encontraron a la peque√Īa vendedora de f√≥sforos en el portal, como dormida. Su alma hab√≠a volado al cielo. Al poco tiempo, el pueblo descubri√≥ a la vendedora de f√≥sforos, acurrucada y muerta.

- ¬°Pobre ni√Īa...! intent√≥ calentarse las manos con sus f√≥sforos, dijo alguien.
Lo que todos ellos ignoraban era que la vendedora de fósforos había encontrado la felicidad. Ahora estaba en el cielo con su madre, jugando con los angelitos. Jamás volvería a pasar frío.

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