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El síndrome de Manuela | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-04 05:00:00

El síndrome de Manuela

Dentro de la patología santandereana uno de los síndromes más extendidos y estudiados por los científicos sociales, está el síndrome de Manuela.
El síndrome de Manuela

Algunos le cargan el acento al factor alimenticio, que llena de demasiadas calorías el organismo, como el mute, la carne seca y el cabrito sobre todo, por lo montarás y empeñoso. Otros al clima y al paisaje: cerrado, ácido que no da la placidez de la llanura ni la lejanía del mar para respirar los malos vapores que se acumulan en el organismo y en el espíritu.

Pero también hay factores históricos que condicionan ciertos arquetipos que ya entran en la imaginería de la gente, como es el caso de Manuela Beltrán. Porque después de ella, todas quisieron romper los edictos, cuando los varones no se atrevían a hacerlo, por el temor al delito de lesa majestad. Manuela Beltrán se sobrepuso a ese temor y con su olor a tabaco y sus manos de cigarrera, arrancó los papeles de las autoridades españolas en l.78l y los hizo pedazos.

De ahí en adelante se produjo un efecto dominó ya que en Mogotes, en San Gil, en Puente Real, en Pamplona, en Cúcuta, las mujeres encabezaban las algaradas para derramar el aguardiente, mientras los hombres se lo tomaban, o para quemar el tabaco que sacaban de los estancos y centraban en los guardas españoles la furia, para agredirlos, a uña.

En Cácota de Suratá Ana Mercedes Albarracín y sus hermanas increpaban a Javier Guerrero, Juan Ignacio Acevedo, Eusebio Durán y Diego Blanco, por no haber sido nombrada por Juan Francisco Berbeo como capitana, teniendo más méritos que ellos que no habían roto los edictos, como ella. La mujer participaba y sin embargo no las nombraban capitanas como a los hombres. Eso produjo un rencor soterrado que se fue acumulando hasta que ya en una sociedad más abierta y avanzada, vino a producir escapes para que por ahí fluyera ese rencor y se expresara.

De ahí que la mujer producida en esta fábrica social, se armó de un talante que se expresa en la actitud, en la estampa, en el lenguaje, en el tono. Por eso desde pequeñas llevadas por el cariño de los padres acariciaban el revólver que llegaron a manejar con destreza, y hasta les servía para exigir la realización de una boda ante el novio renuente y cuando el rancho ya estaba ardiendo.

Eso ha llevado a que juezas armadas de poder legal, les regalen a sus maridos unos cuantos días de calabozo por faltarle al respeto a la autoridad, como si fuera un discreto regalo de navidad, porque no estaban en la cocina de la casa, sino en el despacho judicial.

Yidys Medina no solamente se desnudó en Soho, sino que rompió todos los edictos que pudo, hasta que logró el beneficio de la casa por cárcel, cuando ya el Presidente andaba buscándola no precisamente para otorgarle la cruz de Boyacá. El síndrome de Manuela se puede ver en las calles, en los vehículos, en los hogares, por ahí. ¡Pero tan bellas!

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