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Hay un niño en la calle | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-08 05:00:00

Hay un niño en la calle

El negrito me miró con sus ojos grandes y tristes y farfulló: “Patrón, ¿me regala un vaso de agua?”. Era un chico de unos 10 años que intentaba vender –sin éxito- unas cebollas que llevaba bajo el brazo.
Hay un niño en la calle

Pensé que el destino de este niño sería muy diferente si en lugar de trabajar en las calles un día festivo, estuviera jugando con otros o paseando con sus padres. O si estudiara entre semana en un buen colegio. Pero no, son multitud los niños que -en Colombia- no disfrutan de una verdadera niñez. ¿Qué será de ellos cuando sean adultos? Los que tengan esa suerte, ya que muchos son torturados y asesinados antes de llegar a la edad adulta.

Esta aterradora realidad no es nueva. Lo que sorprende es que hoy muchos se declaran sorprendidos por la magnitud del problema. Revisando mis archivos encontré varios de mis artículos sobre el tema, en uno de ellos, escrito hace más de 15 años, anotaba: “Según Bienestar y Unicef cerca de 20.000 niños son abandonados cada año por sus padres, 5000 viven en las calles. Otros 100.000 sufren maltratos y vejaciones sexuales y 800.000 se ven obligados a trabajar.

Hay dos millones de menores desnutridos y cada año muchos son secuestrados con propósitos múltiples y espeluznantes. Por ello, no sorprende que actualmente en Colombia cientos de menores se dedican al sicariato y la guerra”.

Después de 15 años lo que se percibe es que este problema (como muchos otros en este país) no tiende a solucionarse sino a agravarse; ya que –en los últimos años- la pobreza, la ignorancia y la corrupción han hecho metástasis. Y estos problemas no desaparecerán por arte de magia, más bien se agravarán mientras nuestra sociedad no cambie el antimodelo de “desarrollo” neoliberal que hoy se desploma en todo el mundo. A raíz del monstruoso asesinato del niño Luis Santiago, la discusión se ha centrado en si le aplicamos al padre la cadena perpetua o la pena de muerte. Es evidente que sobre el asesino debe caer todo el peso de la ley, pero esto no evitará la ocurrencia de nuevos horrores. Por supuesto que es más fácil vengarnos del victimario que aplicar una política integral de protección a la niñez. Pero ya sabemos que el camino fácil casi siempre conduce a la perdición.

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