Era una leyenda viviente y él sin proponérselo, llegó a ser el personaje más reconocido en los últimos tiempos. Se inició como ayudante de su padre en la botica que poseía en la calle 33 para luego estudiar farmacia, siendo más tarde también abogado y de los buenos.
Publicado por: Julio Valdivieso Torres
Se paseó con donaire y donosura por todos los ambientes y en las humildes viviendas apreció con gusto los homenajes lo mismo que en los salones exclusivos. Nada de lo bueno le fue ajeno y se le conoció por su don de gentes y aquella hombría de bien que eleva por encima de la especie humana a los espíritus selectos. Para parecer auténtico no necesitó descomponer el idioma sino al contrario, su verbo y sus palabras estuvieron siempre acordes al buen uso de la lengua de Cervantes. Religioso hasta donde se puede pedir a un hombre de mundo que repitió con Neruda "Confieso que he vivido". Amante del tango, vivió el furor de la canción porteña y vio cantar a Carlos Gardel su ídolo, en el teatro Odeón de Bogotá, en una noche en que él consideró inolvidable. Gran conversador de prodigiosa memoria tenía como referentes poéticos a Miguel Hernández y Federico García Lorca de quienes contaba anécdotas de sus vidas saturadas por la persecución franquista. Libre pensador sin ser ateo, mantuvo en alto la bandera blanca de la honestidad. Su cultura libresca era profunda, leyó mucho y de algunos libros repetía buena parte de su contenido. Paz para su tumba.









