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En las manos de Dios | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-09 01:53:32

En las manos de Dios

Cuando pedimos algo al cielo y eso no se cumple, es porque no nos conviene o porque Dios tiene otro plan para nosotros.
En las manos de Dios

Es algo difícil de entender al principio, pero es razonable. Las cosas suceden porque tienen un propósito y, con el tiempo, ese propósito es lo mejor para todos.

Si le ‘echamos cabeza’ encontraremos que a lo largo de los años, las cosas que nos han ocurrido tenían una explicación, así al comienzo no las hayamos entendido.

Sin embargo, dejar las cosas en las manos de Dios no es ‘echarse a dormir’ y esperar que las cosas ocurran, sólo porque sí.

El lema es claro: ¡A Dios rogando y con las manos labrando!

¿Necesita trabajo? ¡búsquelo!
¿Quiere crecer? ¡mire para el frente!
¿Desea que alguien lo ame? comience por dar amor.

Las manos de Dios no son las manos de un ser por allá en el cielo. Las manos de Él son las suyas, así como las mías y las de los demás.

Tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por nuestros sueños. Dios sólo se encarga de que tales esfuerzos traigan frutos, así ellos no sean como los hemos planeado de manera inicial.

Debemos usar la ayuda de Dios para recibir su ‘Visto Bueno’ y, por ende, conquistar las metas; pero ¡ojo! eso lo logramos trabajando. Todos necesitamos tener esas manos abiertas y llenas de ideales y de esas luces que iluminen nuestros caminos.

Son nuestras manos las que timonenan la barca de la felicidad. ¡Claro! nada logramos si no le tenemos fe al mar que enfrentamos. Sólo así podremos navegar, sea con marea alta o baja.

Pongamos todo en las manos de Dios, pero no seamos pusilánimes. Nuestras ambiciones, nuestros amores, nuestros trabajos y nuestras esperanzas pasan por el corazón de Dios; pero él no late si nosotros no ‘le bombeamos’ las suficientes ganas.

¿Cómo saber?

En una vereda vivía un labrador con su hijo. Su única posesión, aparte de la tierra y la pequeña casa de paja, era un caballo que había heredado de su padre.
Un buen día el animal se escapó, dejando al hombre sin con qué labrar. Sus vecinos acudieron a su casa para solidarizarse con lo que, según ellos, había sido una “desgracia”. Él les agradeció la visita, pero les preguntó:

- ¿Cómo pueden saber que lo que ocurrió ha sido una “desgracia” en mi vida?
Alguien comentó en voz baja con un amigo: “él no quiere aceptar la realidad”. Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían escuchado.
Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía.

Los vecinos, alborozados porque sólo ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado, retornaron a casa del labrador para felicitarlo por la “bendición” recibida.

- ¿Cómo pueden saber que lo que ocurrió es una “bendición” en mi vida?, les cuestionó de nuevo el labriego.
Desconcertados y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino: “¿será posible que no entienda que Dios le ha enviado un regalo?”

Pasado un mes, el hijo del labrador decidió domesticar a la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada y el muchacho tuvo una mala caída, rompiéndose una pierna.

Los vecinos retornaron a la casa del labrador y le dijeron que estaban muy “tristes” por lo que había sucedido con el muchacho.
El hombre agradeció por la visita y el cariño; sin embargo, volvió y les preguntó:
- ¿Cómo pueden saber si lo ocurrido ha sido algo “triste” en mi vida?

Esta frase dejó a todos estupefactos, pues nadie puede tener la menor duda de que un accidente con un hijo es una verdadera tristeza.
Transcurrieron algunos meses y se desató la guerra en el país. El Ejército recorrió todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la vereda, reclutaron a todos excepto al hijo del labrador, que estaba con la pierna rota.
Ninguno de los muchachos que se ‘enfilaron’, retornó vivo. En cambio, el hijo del labrador se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero.

El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarlos y ayudarlos, ya que se habían mostrado solidarios con él en todos los momentos.
Siempre que alguno de ellos se quejaba, el labrador decía: ¿Cómo sabe si esto es una “desgracia”?
Si alguien se alegraba mucho, él preguntaba: ¿cómo sabe si eso es una “bendición”?
Y los hombres de aquel corregimiento entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene significados, que muchas veces no conocemos.

LISTA
Esas cosas…

… Hay cosas en la vida que una vez que pasan, nunca regresan: el tiempo y las oportunidades.
… Hay cosas en la vida que pueden destruir a una persona: el enojo, el orgullo y el no saber perdonar.
… Hay cosas en la vida que usted nunca debe perder: la esperanza, la dignidad y la honestidad.
… Hay tres cosas en la vida de mayor valor: el amor, la familia y la bondad.
... Hay tres cosas en la vida que no son seguras: el dinero, el éxito y la suerte.
... Hay tres cosas en la vida que forman a una persona: el compromiso, la sinceridad y el trabajo duro.
… Y en todas las cosas aquí mencionadas hay alguien que siempre está: Dios.
Reflexión: cuando le entregue a Dios sus preocupaciones, Él lo estará mirando y lo llevará hacia donde usted quiera que vaya; si eso es lo que más le conviene, ¡claro está!

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