"No hay razón para envejecer en mi ciudad", me comentó con cierto desánimo el artista, siempre moderno, Ricardo Alipio Vargas. Frase que me recordó a su pariente, el poeta Tomás Vargas Osorio.
Publicado por: Ernesto Rodríguez Albarracín.
Coincidimos en que la ciudad se tornó indiferente a los grandes movimientos universales. Un ejemplo: la hora del mundo, nadie se percató. Unido a esto, el desarrollo caótico como ciudad. Hace un buen tiempo, Ricardo presentó un programa para recuperar y embellecer a Morrorico, así como Buenos Aires lo hizo con el barrio Caminito de la Boca, hoy atractivo turístico y motivo de un buen tango. Si se le hubieran metido hierro, cemento y colores, como era el programa de Alipio, con su escultura, obviamente, hoy el cerro sería un bello pesebre orgullo de una ciudad, que trata con dignidad a las comunas populares, y habría más de mil motivos para erigir el teleférico.
La CDMB debería parar los peligrosos deslizamientos de esta comuna, incluyendo los de Las Vegas de Morrorico. Hay que hacer un plantón por Morrorico, bajo un concepto de no discriminación muy del estilo de Gandhi. Bucaramanga no puede seguir creciendo al debe con los sectores marginados, ni menos al debe con prestación de servicios de baja calidad. Morrorico merece una consideración y solidaridad.











