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Brisa de febrero | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-11 02:30:31

Brisa de febrero

Sabemos contar historias gracias a una bella costumbre que nos ense√Ī√≥ Madre cuando √©ramos ni√Īos. Despu√©s de despertar, ten√≠amos que buscarla y contarle con pelos y se√Īales lo so√Īado. Tenemos ojeras, son nuestro rasgo distintivo; pero no se dejen llevar por la ceniza bajo nuestros ojos.
Brisa de febrero

Entiendan que no dormimos bien, que constantemente hacemos paseos nocturnos, sin salir de casa. Nos despertamos tarde, cosa que, en una ciudad acelerada como esta, es un insulto. Los de afuera dicen que un gran hombre es aquel que tiene un buen despertador; nosotros decimos que nos deprime ver cómo las horas se pulverizan en las pulseras de cuero y en el afán de llegar a todas partes a tiempo. Abstraen al hombre de su facultad creativa. Somos diferentes; nos dedicamos a las letras, oficio en que la puntualidad es relativa; por lo menos no tan rigurosa como en una fábrica.

La primera en abrir los ojos es Madre. Lo sabemos porque la puerta de su alcoba, al abrirse, hace un estruendo casi mudo como los relámpagos de los cuales primero nos llegan las luces y luego ese rugido ahogado. Desciende, todavía somnolienta, la escalera, entra en la cocina, y prepara el desayuno. Nosotros esperamos otro rato; a decir verdad, el que espera soy yo y duermo en el primer piso. Narrar así es un bello acuerdo al que llegué con mi hermana, que poco habla y duerme en el segundo piso.

Entonces uno de nosotros, yo, sale de su alcoba presto al ritual familiar. Curiosamente, estas noches de febrero no llegaron solas: varios sue√Īos reiterados nos acompa√Īan. Madre so√Ī√≥ un ni√Īo abandonado; estaba sentado en un prado verde. Estaba hecho de plastilina, me dijo. Por mi parte, so√Ī√© con una ni√Īa muy viva, radiante; buscaba hablar agitadamente conmigo y no pod√≠a. La tristeza se nos agit√≥ en el coraz√≥n.

Madre me entreg√≥ el pocillo de todas las ma√Īanas y nos sentamos al comedor. Vuelve temprano; hoy te toca cuidar a la Nena. Acarici√≥ mi barbilla. ¬†
El asiento del caf√© reposa en el fondo del pocillo. Madre busca el ma√Īana, ese capullo de esperanza decr√©pita.

O√≠mos los pasos en la escalera. La Nena baj√≥. Ahora juega en la sala; el pocillo se cae de mi mano, plaf. Ella baila, brinca, canta, y Madre y yo comprendemos que ese es el sue√Īo de la Nena, de la pobre que duerme entre cables y el comp√°s bip, bip, bip del oscilador, all√° arriba; sin embargo, aqu√≠ abajo, baila, nos canta y ese sue√Īo nos hace muy felices. Esto es posible, porque, quieran o no, as√≠ son los sue√Īos. Hoy tengo que cuidarla toda la tarde. Lloramos y el llanto es la esperanza que se nos diluye con la primera brisa que nos llega desde el patio.

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