
Una semana después del terremoto y maremoto, el estado anímico y las sensaciones de desesperanza se respiran en Chile. Hay un gran dolor que busca formas de expresión en la tienda del barrio, en el bus o en el metro. Los saqueos quedaron atrás, proliferan las historias esperanzadoras que convocan a la solidaridad. En Chile, nadie ha quedado inmune. Además de la tierra, algo se nos movió adentro. Un periodista chileno, que vivió en Bucaramanga, narra para Vanguardia Liberal su experiencia tras el sismo.