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Domingo 25 de julio de 2010 - 10:02 AM

Mi larga temporada en el infierno

Un mes después de su liberación, el general Luis Herlindo Mendita hace un relato de su secuestro y habla de su renacer después de su liberación. 'Me gustaría concluir diciendo que estamos llegando al final, pero decir eso es muy complicado, porque un solo hombre puede hacer actos de terrorismo y el narcotráfico es un demonio que deja mucho dinero'.

Publicado por: COLPRENSA

La noche del 13 de junio de 2010 estaba vivo y libre. Desaparecieron los rasgos de sufrimiento que dejaron en mí estos 12 años en el infierno. El dolor se fue de repente cuando vi ese día la euforia de mi familia, la alegría de mis hijos Yenni y José Luis, de mi esposa María Teresa (ver foto), que guardó por tanto tiempo su amor intacto, y hasta mis pertenencias más insignificantes. Verlos a ellos y a mis padres vivos, ha sido el mejor obsequio de cumpleaños que pudieron haberme entregado Dios, la Virgen y el Ejército Nacional. El amanecer de esa primera noche nos sorprendió hablando, mirándonos la cara. Afuera, los medios querían saberlo todo de esos años de secuestro. ¿Cómo enfermé? ¿Cómo dormía? ¿Qué se siente hablar con un hombre como ‘Jojoy’? ¿Nos maltrataban? ¿Es verdad que el día de mi rescate cumplía años? En fin.Si comprendieran que fueron ellos, los medios, el hilo conductor con nuestros seres queridos, que escuchar diariamente por la radio a nuestras familias, sus mensajes, era como una vitamina, una píldora de resurrección, un suero, era sentir sangre nueva, era un alimento muy grande que no se puede valorar. Por la radio, los secuestrados fuimos testigos de la fe interminable de nuestras familias.Desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana la radio era nuestra única compañía, porque las noches eran fuertes. Lo único bueno era la luna, que tenía su encanto. Uno pensaba que la misma luna iluminaba a la familia y que ambos, mirándola en ese momento, creábamos un contacto de oración. Hoy, con apenas un mes de libertad, aún no me acoplo al nuevo mundo. Acostarme en una cama tras tantos años de secuestro no tiene comparación. Es volver de la muerte a la vida, aunque no me he adaptado a esa superficie blanda, poco a poco lo estoy haciendo. Cuando estaba en cautiverio, muchísimas veces soñaba con la libertad y al despertarme era una frustración inmensa, la selva seguía ahí con sus infrahumanas condiciones, inmóvil como estaba y sin posibilidades de salir. Pero saben, después de la libertad no he tenido esa sensación. Desde que vi el casco del soldado del Ejército que llegó a rescatarnos no he tenido pesadillas de volver al cautiverio ni decir que de pronto me despierto y tengo miedo de pensar que la selva sigue ante mis ojos. Todo lo contrario, me despierto sabiendo que estoy en casa, con mi familia. La liberación El día de la liberación, que fue el de mi cumpleaños, comenzó como cualquier otro. Nos despertamos a las seis de la mañana y recibimos el mismo tinto que ya me sabía a 12 años de reserva, como el vino añejo. En el secuestro todo es esperar, esperar el mismo desayuno (caldo de pasta, arepa y chocolate), el mismo almuerzo, la misma comida, tan la misma que ni siquiera recuerdo qué era; la misma noche, nada más.Al medio día le preguntamos a alias ‘Chucho’ que si podíamos hacer algo especial por ser mi cumpleaños. Él accedió y justo cuando hablaba con el carcelero se escuchó el primer disparo. - ¡Qué pasa!, dijo alias ‘Chucho’Salí corriendo cuando empezó el aguacero de ráfagas. Me tiré al piso, me arrastré hasta mi cama y me escondí debajo de unos palos grandes de palma, en un hueco. Pasaron minutos y minutos cuando detecto que por entre la manigua sale un casco. Pensé inmediatamente que era un soldado y que no se trataba de un combate entre los mismos guerrilleros, como pasó con los diputados, porque la guerrilla no usa cascos. Yo estaba atento, mirando el lugar por donde huyeron los terroristas, porque pueden volver y ejecutarlo a uno. A Dios gracias, vi el casco. Le hice varias señales al soldado, él me pidió que me acercara y como no estaba encadenado, por mi salud, me arrimó hacia ellos, no sin que antes tomara en mis manos la foto de mi familia y mi diario de apuntes. Luego les grité: ¡Soy secuestrado!Cada uno tenía su plan. (Arvey) Delgado y (William) Donato, que tienen bien físico, salieron corriendo. (Luis Enrique) Murillo tenía un hueco en el riachuelo y ahí esperó. El menos preparado era yo. Ese día los siete metros de cadena con los que dormía quedaron allá. Es difícil relatar hoy la forma como nos rescataron, porque siempre fue el pensamiento que tuvimos en la cabeza ¿Cómo lo harán? ¿Nos liberará la guerrilla? Estoy renaciendo, como Lárazo; es decir, ahora tengo oportunidad de celebrar dos veces mi nacimiento, si Dios lo permite. Ahora el silencio absoluto existe. En la selva todo es ruido. Hay animales nocturnos y diurnos que se comunican a cada rato; llueve, truena, el plástico sonaba con la caida del agua. ¡A veces provocaba gritar!Así fue casi todo el tiempo, por ejemplo en la zona del despeje (San Vicente del Caguán, Caquetá) había unos enmallados con alambre de púa. Ahí las condiciones eran peores, estábamos todos más pegados. En esos casos el agua era bombeada y a veces mandaban muy poquita y uno no alcanzaba a bañarse o a lavar la ropa. Pero eso no era lo peor. Como esos sitios eran bien encerrados, evacuar las necesidades fisiológicas de noche era un martirio. Los secuestrados se veían obligados a utilizar diferentes recipientes, bolsas, tarros, botas, y durante la noche el hedor era insoportable. Durante el secuestro Recuerdo cuando me entrevisté cara a cara con ‘El mono Jojoy’. La primera vez fue en el Caguán y me informó que sería el último en salir del canje. Era muy fuerte, robusto, tenía mucha gente de escolta, con bastante armamento. Meses después fue en unas pruebas de supervivencia con los políticos; ahí estuvo él mientras nos grabó el periodista Jorge Enrique Botero. En esa oportunidad lo vi con menos gente. Luego fue cuando estábamos aún los 38. Estaba solo. Nos vio, no dijo nada, dio una vuelta y se fue. Desde entonces (los últimos seis años), no lo volví a ver, pero sé que los años están haciendo su trabajo. Otro momento importante durante mi cautiverio fue el nacimiento de Emmanuel, el hijo de doña Clara Rojas. Nos dividieron para eso en dos grupos. Yo no estaba con Ingrid y Clara. Cuando nació, los policías y soldados hicieron algunos elementos para el niño, como en un ‘baby shower’. Lo malo de todo fue que las cositas debieron ser entregadas al guerrillero que lleva los elementos y la guerrillera que tenía a su cargo el bebé. En una oportunidad fue llevado al lugar donde estábamos los del otro grupo. Lo pude alzar. ¡Ver a un niño después de tantos años es sorprendente! Todos pensamos que la guerrilla la llevaría a un centro de atención o la liberaría, pero no fue así. El niño nació en el infierno y la marcha de la muerte, que fue la travesía huyendo del Plan Colombia, separó del todo a madre e hijo.Clara estuvo con nosotros varios meses y pude ver más seguido al niño. Le llevaban a Emmanuel, lo cambiaba, lo alimentaba, se lo dejaban una hora o máximo dos y luego la guerrillera encargada se lo quitaba de los brazos. Sobre la guerrilla Cuando me preguntan por el futuro de la guerrilla, solo debo decir que siguen con los mismos planteamientos que dejó ‘Manuel Marulanda’. Ellos dicen que tienen diseñados sus cuadros de mando por si alguno muere. Piensan seguir con su política de llegar al poder mediante el uso de las armas. Pero creo que con los golpes que les ha dado el Estado hay que buscar otras posibilidades, que la guerrilla deje sus condiciones y cambie su forma de financiación, que es el narcotráfico, y proponga un acercamiento con el Gobierno. Es cierto que hay un debilitamiento. Cuando se conoció el éxito de la ‘Operación Jaque’, el personal que nos cuidaba fue más limitado, aparte de que hay serios problemas al interior por efectos de convivencia.El futuroAhora lucharé por recuperarme, porque tengo varias deficiencias de salud, tengo traumas en los pies, estoy en fisioterapia por las piernas y todo eso tomará varios meses. Quiero estudiar, porque el vacío intelectual en estos 12 años es muy grande. Aceptaré, como siempre, el destino que la Policía y el Gobierno dispongan. Hay rumores de ir a España, no me preocupo por eso, donde me destine la Policía cumpliré.Me gustaría concluir diciendo que estamos llegando al final, pero decir eso es muy complicado, porque un solo hombre puede hacer actos de terrorismo y el narcotráfico es un demonio que deja mucho dinero. A mis hermanos de la selva, a mis compañeros les digo: Nosotros seguimos ahora acá, en libertad, pendientes de ustedes. La Policía y el Ejército están cuidando de sus familias. Estamos haciendo campañas para que regresen, orando para que la guerrilla los libere unilateralmente y sin condiciones. Ellos tienen derecho a renacer, a estudiar y salir adelante por Colombia; a disfrutar, como yo, de un fin de semana en familia, como será éste para mí.

Publicado por: COLPRENSA

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