Alaska - IslandiaHace cuatro años, Casey Fenton, un programador que vive en Alaska, consiguió por Internet un tiquete muy económico de Boston (Estados Unidos) a Islandia, pero no tenía la menor idea de ese país en el noroeste europeo. Sin embargo, no utilizar el tiquete sería una estupidez, aunque el plan de meterse en un hotel con un mapa de la isla tampoco le agradaba.
Publicado por: ELIZABETH REYES LE PALISCOT
¿Qué hacer? Así empezó todo: Mandó correos electrónicos a 1.500 estudiantes de una universidad en Islandia, explicando que buscaba un sitio para dormir. Al día siguiente ya tenía cerca de 100 respuestas positivas.La Islandia que conoció fue la isla personal de quienes lo hospedaron y no la que aparece en las guías para turistas. Ese es el gran atractivo de CouchSurfing.com, el lugar que Fenton creó para que los viajeros encontraran un sofá no sólo para dormir, sino la posibilidad de acercarse a lo que él considera como realmente interesante de cada país. Por eso a quienes buscan sofá los llaman surfers.La acogida ha sido tan grande, que la primera semana (enero de 2004) se unieron 115 viajeros y durante los últimos cinco días se han unido 10.535. Fenton tiene 30 años y en estos cuatro años ha conseguido sofás en 12 países del mundo. Según su perfil en CouchSurfing.com, tiene más de 400 amigos que han comentado positivamente la experiencia de compartir un sofá.Montreal - PoloniaEs tan fácil encontrar un sofá, que luego de registrarse en el sitio www.couchsurfing.com, el usuario elije el lugar de destino, escoge aquellos sofás (casas) que le interesan y oprime la opción: Petición de surfear el sofá conEso fue lo que hizo Mathieu Lalumiere, un canadiense de 21 años que vivió hasta los 18 años en un pueblo cerca a Montreal. Cuando salió por primera vez de su país lo hizo a Europa durante cuatro meses. Viajó sin dinero, haciendo autostop y con una carpa para armar donde lo cogiera la noche.Para ese entonces, en julio de 2006, surfear ya era bastante popular en Europa y Mathieu no lo dudó.'En Europa es muy difícil encontrar personas autóctonas y es todavía más difícil para un turista saber cuáles son los sitios underground', dice.Su primer sofá lo consiguió en Francia durante una noche. Luego estuvo en Estambul (Turquía) y de ahí fue directo al norte de Polonia, donde lo esperaba el sofá de Lucas Vegan. 'Él vive a 14 horas de Polonia, en Gdansk, que no es un lugar turístico. Pero la experiencia ha sido la mejor para mí. Estuve tres días con tres italianos y el primer día, él nos llevó a la escuela de inglés para niños donde trabaja y nos propuso que nos presentáramos. Allí, la gente no tiene mucho dinero y se han puesto de acuerdo en no pagar el transporte. Por eso, cuando la Policía se sube al tren, todos los pasajeros se bajan. Si son 100 en el tren, los 100 se bajan en señal de solidaridad con aquellos que no pueden pagar el transporte', cuenta. Pero, ¿cómo saber si el sofá es seguro y que se puede confiar en el anfitrión? Mathieu explica que la red tiene un sistema de verificación de los datos de los surfers, que se identifica en la página con un candado. Así, por ejemplo, si el sofá elegido tiene un candado verde cerrado, quiere decir que la persona que ofrece el sofá ha pagado 30 dólares para que los administradores de la red verifiquen su identidad y la localización de su vivienda. Así los surfers tendrán toda la tranquilidad.Sin embargo, si no se tiene ese dinero, otra forma de saber que se trata de un sofá seguro es a través de los comentarios positivos de los viajeros que han utilizado dicho sofá. Entre más comentarios positivos, mayor la confiabilidad. De igual manera, si el usuario ha sido verificado, le ofrecerán más fácilmente un sofá.MontrealBucaramangaDe regreso a Montreal, Mathieu, quien empezó a estudiar Ingeniería Mecánica, ofreció su sofá durante cuatro meses y recibió a 10 viajeros. Contagiado por la pasión de conocer otras culturas, se inscribió en un programa de intercambio entre su universidad y algunas en Colombia.Hasta mediados de 2008, Mathieu no tenía ninguna información del país. Entonces utilizó CouchSurfing.com y pronto se decidió por Bucaramanga.'No quería una ciudad grande que pudiera parecerse a Montreal. Pero cuando averigüé por la seguridad en Santander a través de una evaluación que hace Canadá (donde 1 es lo más confiable y 5 la peor calificación), me encontré con que el lugar estaba registrado en la categoría más peligrosa', cuenta.Según este joven canadiense, eso se debe a la situación de orden público en el Magdalena Medio y a la cercanía con la frontera venezolana. Pero él quiso corroborarlo y escribió varios mensajes a los miembros de la red que viven en la zona.'Me decían todo lo contrario. Y no lo pensé más. Viajé directo a Bucaramanga y conseguí un sofá por un mes'. Luego se instaló en el segundo piso de un restaurante vegetariano en el sur de la ciudad.Mathieu lleva cuatro meses en Bucaramanga. Cuando llegó había cinco surfers que vivían en Bucaramanga y hoy ya casi se completan 60. Y no ha dudado en ofrecer su sofá. Por eso, quien visite la página Web de esta red, encontrará a este joven dentro del grupo de bumangueses y con el sofá disponible. San GilY hay más ventajas. Cuando el usuario escoge un sofá, puede pedir que se incluyan aquellos sofás que están en un perímetro de 100 kilómetros a la redonda y armar un itinerario.Mathieu encontró en San Gil a Andrés Echeverri, un ingeniero electrónico de 36 años que define como 'loco por Couch', donde se quedó por cinco días.Andrés se hizo miembro de esta red a finales de 2007, luego de leer un artículo en una separata del New York Times y desde entonces, ha recibido a más de 15 viajeros de Canadá, Australia, Polonia, Alemania, Bélgica, Suiza, Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos y Argentina.En este momento hay una croata en su casa y pronto llegará un francés. 'Me llamó la atención la filosofía de CouchSurfing. La idea de recibir extranjeros como si fueran familiares o amigos. Y además tener la posibilidad de practicar idiomas como inglés y francés', dice.Andrés no ha buscado sofá. Dice que desde que ingresó a la red tenía claro que su intención no era viajar. Él quiere recibir viajeros y ha habido tanto movimiento en su sofá, que no pasan más de 15 días sin que haya un huésped en su casa, a 5 kilómetros de San Gil y muy cerca del río Fonce.Uno de los más recientes comentarios en su perfil es de un belga llamado Simón Lebex. Y dice: Es un tipo con el corazón en el lugar correcto.












