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Martes 27 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Tras el rastro de alias ‘Pichi’

Cayó la organización ‘Los Pichis’, que lideraba la venta de drogas en el barrio San Rafael. Su máximo jefe, alias ‘Pichi’, huye de las autoridades desde el pasado jueves. Conozca la historia de este hombre de 25 años, quien además de comercializar sustancias alucinógenas, disfrutaba de una vida llena de comodidades mientras hacía nexos con expendedores del área metropolitana.
Suministradas / Vanguardia Liberal
Durante el allanamiento: Así estaban reforzadas las puertas de las viviendas donde se expendía la droga. En el lugar, el grupo de policías que intentaba apagar el fuego de la caneca con marihuana que los delincuentes prendieron. Además, la sala de reuniones de ‘Pichi’ en la casa donde vivía con su mamá.
(Foto: Suministradas / Vanguardia Liberal)

Desde hace más de cinco años alias ‘Pichi’ no se ensucia las manos con droga. Los que un día lo conocieron como el joven expendedor y el ‘campanero’ de los distribuidores de sustancias décadas atrás en el barrio San Rafael y el norte, aseguran que bastantes vueltas le ha dado la vida.
Y es que a sus 25 años ‘Pichi’ gozaba de muy buena reputación en el mundo del microtráfico y el narcomenudeo, rol que muchos envidiarían, según explicaron investigadores de la Policía a Vanguardia Liberal.
Por ejemplo, tenía una agrupación conformada por 16 miembros y más de ocho adolescentes, todos a su servicio durante la venta de marihuana, bazuco, cocaína y drogas sintéticas, a quienes al parecer, les pagaba 100 mil pesos por sus labores diarias.
Asimismo, tenía más de 10 viviendas en distintas cuadras del barrio, todas pintadas de color verde, acondicionadas para el empaque y venta de alucinógenos; varias familias a su disposición que por el pago de un recibo de la luz prestan a sus hijos para cualquier “vuelta’, y la compañía de sus cuatro hermanos en este negocio, según consta en la investigación de la Policía.
Casi todo el barrio estaba a su favor. Eran pocos los que se atrevían a denunciarlo, pues ‘Pichi’ y sus secuaces, al parecer, los amenazaban. Incluso en el barrio se habla que alias ‘Pichi’ supuestamente tenía un revólver, cuya cacha según contaron los testigos, era de “puro oro”.
Y lo más importante: este hombre tenía el dinero suficiente para pagar las deudas de los vecinos que así se lo pedían, el alumbrado de Navidad de un barrio entero y la fiesta de fin de año. “Por algo ganaron años atrás el concurso de la mejor cuadra decorada de la ciudad en Navidad”, aseguró uno de los investigadores que está frente al caso.
Este “hueso duro de roer” tenía de arriba para abajo al grupo de Estupefacientes de la Sijín desde febrero de este año. Sin embargo, el pasado jueves su organización, ‘Los Pichis’, recibió un golpe ines-perado.
A su centro de operaciones en el barrio San Rafael llegaron más de 150 uniformados de Estupefacientes de la Sijín, miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios, refuerzos del Goes o Grupo de Operaciones Especiales, así como varias patrullas, a realizar varios allanamientos.
Lamentablemente para los uniformados, ‘Pichi’ no se encontraba en ninguna de sus guaridas. En total, 13 de los que estaban bajo su mando cayeron esa noche en medio de las balas, los gritos y el escándalo. Ayer, otros dos fueron capturados y también se encuentran tras las rejas.
Las autoridades le siguen la pista a ‘Pichi’. Esta vez no esperan llevarlo tras las rejas por porte ilegal de armas como ocurrió meses atrás. Él debe responder por los posibles nexos que tiene con otras organizaciones delictivas del área metropolitana, la comercialización, venta y tráfico de drogas, concierto para delinquir y el uso de menores para la venta de estupefacientes.

Lo que encontró la Sijín
A una vivienda de fachada humilde del barrio San Rafael llegaron los investigadores de la Sijín el pasado 23 de diciembre. Era la casa de alias ‘Pichi’. Nadie se imaginaba que esa noche, mientras terminaban de acondicionar la cuadra con pinos, luces multicolores y arcos luminosos, los ‘Alonso’ –como suelen llamar los expendedores a los policías en ese barrio– los visitarían de manera sorpresiva.
Los allanamientos a las más de 10 viviendas de este hombre fueron simultáneos. La casa de ‘Pichi’ fue la primera allanada. Al notar que el sindicado no estaba, comenzaron la búsqueda de material probatorio para la investigación.
Según las autoridades, ‘Pichi’ no escatimaba en gastos. Tenía una cama de dos metros de ancho y dos de largo, un televisor de última tecnología y suaves sábanas. Además, en el techo de su habitación tenía una salida secreta para emergencias, que comunicaba con una vivienda vecina. También tenía un jacuzzi en su baño, una ducha de las que se utilizan en un spa con más de 10 chorros de distintas presiones, un gimnasio, una sala de juntas y dos cachorros de gatos persas, entre otras pertenencias.
Otras viviendas también fueron visitadas. Transitando por un oscuro callejón utilizado sólo por ‘Los Pichis’ para sacar la droga, los uniformados fueron atacados con disparos. Al parecer, ya se habían enterado en el barrio de la visita de las autoridades y querían alertar a todos los implicados para que huyeran.
Finalmente, lograron llegar a la vivienda más grande de todas. Allí debían derribar una puerta y una reja blanca e ingresar a buscar la droga. Sin embargo, nadie pudo con el portón.
Los minutos transcurrían y los uniformados no podían perder más tiempo. Cuando se disponían a ingresar por el techo, vieron que de esta casa salía humo y que el ambiente fue invadido por el olor a marihuana. “¡Corran, corran, están quemando la droga!”, gritó uno de los uniformados. Al parecer, una de las personas que estaba custodiando la vivienda tenía la orden de quemar toda la mercancía.
Algunos de los investigadores lograron controlar las llamas que salían del tanque. Para su sorpresa, la marihuana y el bazuco no fue lo único que ardió. En medio de las cenizas también encontraron rollos de billetes de distinta denominación y monedas.
Dentro de esta vivienda, las autoridades hallaron la razón del porqué no pudieron tumbar la puerta: detrás de esta habían cuatro más, todas de seguridad.
Bajo este mismo acondicionamiento estaban las ventanas, los techos y demás salidas de esta casa y del resto de viviendas que eran utilizadas por ‘Pichi’ para su negocio.
El operativo se extendió por más de cinco horas. Los uniformados lograron la detención de otros cabecillas de esta organización, conocidos con los alias de ‘Payaso’ y ‘El Oso’, al parecer los segundos al mando de ‘Pichi’.
Para el grupo de Estupefacientes el golpe a esta agrupación como los dados este año a otros grandes expendedores del norte de Bucaramanga – alias ‘Yiyo’ y alias ‘Libardo’-, le demuestra que la delincuencia cada vez es más organizada y financiada en la ciudad y el área metropolitana.

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