No hubo palabras, solo las lágrimas expresaron el profundo dolor que embarga a la familia del niño de 14 años asesinado, al parecer por su propio padre, en medio de una riña intrafamiliar el lunes a las 6:30 de la tarde en el barrio Girardot.

Publicado por: REDACCIÓN JUDICIAL
A las 4:20 de la tarde tras una emotiva ceremonia católica, el féretro blanco del niño, el cual era cargado por sus más cercanos familiares, recorrió el pabellón principal del Cementerio Central, camino a la que será su última morada. En medio de una tenue llovizna y una brisa fría, se escuchó un tímido aplauso que apenas retumbó entre el lamento general de las cerca de 200 personas que asistieron a las honras fúnebres del menor.
Mientras el féretro era puesto en la bóveda, los familiares de la víctima soltaron una decena de globos blancos y verdes que durante varios minutos surcaron el cielo gris que enmarcó el triste adiós del pequeño. Luego, entre sollozos y desgarradoras escenas de dolor, familiares, amigos y vecinos del niño fueron testigos de cómo dos sepultureros pegaron ladrillo tras ladrillo hasta tapar la bóveda donde desde ayer reposan los despojos mortales del menor.
Ayer los familiares del padre de la víctima fatal, quien se encuentra recluido en la Cárcel Modelo de Bucaramanga bajo medida de aseguramiento, pidieron a la sociedad que no lo juzgaran y que entendieran el drama por el que atraviesa la familia.
“Él es un buen padre, estamos seguros de que no quiso agredir al niño, todo es consecuencia de los tragos, pero quien debe estar sufriendo más es él”, señaló un familiar del presunto agresor.
El papá del niño muerto enfrenta ahora un proceso por los delitos de homicidio agravado, lesiones personales y violencia intrafamiliar. Pese a que en audiencia no aceptó los cargos, el juez lo envió a prisión como medida cautelar.















