Con el único derecho de recibir una muda de ropa, un par de botas de caucho y de pronto una hamaca para dormir, Camilo ingresó al Eln hace ocho años esperanzado mejorar su situación económica.

Publicado por: INFORMACIÓN SUMINISTRADA
En dicha estructura ingresó como miliciano y luego lo encuadrillaron para así hacer parte de las filas guerrilleras.
“Ningún integrante del Eln gana sueldo, lo único que recibimos es el temor que sienten los campesinos y comerciantes cuando nos ven, de dinero nos daban cualquier cosa para sobrevivir”, relató el desmovilizado.
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Camilo ingresó al Frente de Guerra Noroccidental del Eln en el sur de Bolívar, sin conocerlos, empezó a adoptar las políticas que manejan en la estructura, las mismas que tiempo después lo motivaron para desmovilizarse. “Ellos me iban exigiendo cosas, por ejemplo, le tenía que hacer seguimiento a los campesinos para saber con quiénes se relacionaban, hacía inteligencia a los batallones y entregaba información a cambio de dinero”, añadió.
Según su relato, cada quince días se encontraba con el comandante para contarle cómo estaba la producción de oro de las minas y así reunir a los mineros para cobrarles lo que ellos llaman “impuestos de guerra”, que no es más que el pago de “vacunas” económicas a cambio de respetarles la vida.
Por otra parte, Camilo cuenta que cuando están reclutando integrantes a sus filas, dejan que ellos lo piensen unos días para no tener dificultades con la comunidad y a través de engaños los llevan a este grupo armado ilegal: “Nosotros convencemos a los menores tomando trago, llegamos bien vestidos y en motos grandes, luego los llevamos a discotecas para que ellos vean que en el Eln les va bien”.
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En el caso del desmovilizado fueron varias las perdidas personales al ser reclutado por el Eln, por ejemplo, cuando él se fue a los campamentos no tuvo manera de contactar a sus familiares, por eso lo dieron por muerto durante varios meses. “Cuando fui nombrado como escolta personal de uno de los comandantes logré volver al pueblo donde estaba mi familia, cuando llegué, mi hermano lloró mucho de la alegría, todos se enteraron que sí estaba vivo”, dijo.
Sin embargo, pese a las dificultades, Camilo se enamoró de otra guerrillera con quien tuvo una niña que se llama Andrea, la cual tiene siete años. “Un día me enteré que ella no dormía por estar extrañándome, Andreita es mi alegría de vivir”, mencionó el desmovilizado, quien a su vez sueña con que la madre de su hija salga de manera voluntaria del Eln y luchen, así ya no estén juntos, por darle un mejor futuro a la pequeña.
Camilo venció el miedo, se desmovilizó
En un batallón en Sucre, Santander, Camilo se desmovilizó, él solo recuerda que el coronel que lo recibió, lo abrazó y le dio la bienvenida. A partir de ese momento el Ejército lo acompañó en su proceso de reintegración a la vida civil. Al llegar a la unidad militar le dieron ropa nueva y comida. Ahora cumple un año de haber dejado la estructura y realiza conversatorios por la región de Norte de Santander y sur de Bolívar para que los jóvenes y familias no cometan el error de ingresar a un grupo armado ilegal.
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“Quien tiene la razón es el Ejército, nosotros íbamos en contra de los intereses de nuestro país, hoy es para mí un orgullo estar al lado de un militar porque uno ve que ellos trabajan mucho por la gente”, aseguró Camilo, quien relata cómo los combatientes rasos son “carne de cañón”, cómo las mujeres son obligadas a abortar y cuál era el dolor que le causaba poner una mina antipersona en el campo.
Por eso la invitación que hace Camilo a los integrantes del Eln es a que se desmovilicen: “Ojalá se den cuenta que los campesinos no tienen que pagar nuestros errores, yo ahora tengo mi propio negocio, gano dinero y no estoy recibiendo órdenes para atropellar a los colombianos y al único ser que le tengo que dar cuentas es a Dios”.















