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Domingo 21 de Mayo de 2017 - 12:01 AM

Maltratos y abusos: el calvario que vivió la joven asesinada en Girón

Los familiares de Nazly Vargas, de 18 años, víctima de feminicidio, narraron los duros momentos que su hija vivió al lado de su expareja, Alexander Pinilla Gélvez, de 22 años.
Marco Valencia/VANGUARDIA LIBERAL
A la cárcel, bajo medida de aseguramiento, fue enviado Alexander Pinilla, por feminicidio agravado.
(Foto: Marco Valencia/VANGUARDIA LIBERAL)
Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL
Los familiares de la joven fallecida exigen justicia.
(Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL)
Nazly Vargas quería ser ingeniera civil.

Una sucesión de maltratos, abusos, humillaciones, acosos y amenazas en contra de Nazly Aracely Vargas Estévez, de 18 años, terminaron el pasado viernes, en el puente de La Batea de Girón, cuando su expareja, Alexander Pinilla Gélvez, de 22 años, al parecer la asesinó propinándole cinco puñaladas.

El origen de esta pesadilla que hoy afronta una familia gironesa empezó hace seis años, cuando la hija de Jorge Vargas, conocido como ‘Tote’, conoció con tan solo 13 años a Pinilla Gélvez en un Centro de Resocialización. Para la época, el presunto asesino también era menor de edad. Desde ahí iniciaron una relación que desde el principio era conflictiva.

“Al principio llegó como un muchacho callado, pero con el tiempo realmente conocimos cómo era en realidad. Él prestó servicio militar y cuando salió, se fue vivir con ella. Ahí empezó a mostrar que era muy celoso, porque no la dejaba hablar con nadie, la amenazaba con cuchillos y con matarme a mí y a los hermanos de ella si le dejaba. Incluso, en ocasiones la golpeó, pero ella por miedo no lo dejaba ni lo denunciaba”, explicó el padre.

Tras soportar durante varios meses esta situación, en febrero pasado la joven de 18 años rompió su silencio y le dio aviso a su padre.

“Ella decidió dejarlo y buscar protección en mí, aunque él no la dejaba en paz. La empezó a acosar todo el tiempo. Cuando salíamos a la calle lo veíamos cerca de la casa mirando detrás de los árboles, llegaba tarde de la noche a tocar, a exigirle que regresara con él porque había cambiado. Si mi hija salía a dar una vuelta, él la perseguía en ‘piratas’. Nosotros vivíamos con temor, con miedo”, agregó el papá.

A raíz de esta situación, el progenitor decidió encarar a la expareja de su hija. Un día antes del asesinato, cuando llegó a buscarla, le reiteró que la dejara tranquila, pero el hombre negó todo y se fue del lugar.

“Yo estaba pendiente de mi hija para que este tipo no le hiciera nada. El lunes iba a ir a la Fiscalía a ponerle una denuncia para que las autoridades lo capturaran. Lastimosamente, ayer (viernes) tuve que ir a el Centro de Bucaramanga a hacer unas vueltas y justo en ese momento aprovechó para atacarla”, concluyó Jorge Vargas.

Asesinato

Sobre las 4:40 de la tarde del viernes, Nazly Vargas intentaba cruzar el puente La Batea que comunica al malecón turístico con el barrio Gallineral.

En sus brazos llevaba a su sobrina de un año y medio e iba acompañada por su hermana mayor. Ambas mujeres venían huyendo del hombre de 22 años, el cual las había interceptado en El Poblado y le seguía insistiendo que regresara con él.

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De acuerdo con el relato de los testigos a la Fiscalía, mientras la joven protegía con su cuerpo a la menor, el señalado asesino desenfundó un cuchillo y le propinó cinco puñaladas, una se la asestó en el cuello.

La joven fue auxiliada por su hermana, quien entregó la niña a una mujer e intentó tapar la herida del cuello que le estaba provocando pérdida de mucha sangre. Un grupo de personas bajó a la víctima a la carretera, quien fue llevada a la Clínica de Girón. Minutos después fue trasladada al Hospital Universitario de Santander, donde finalmente murió.

A prisión

Una vez cometió el ataque, el presunto responsable salió corriendo del sitio, pero los gritos de la comunidad alertaron a un grupo de mototaxistas que frecuentan el sector. Los enardecidos conductores comenzaron a perseguirlo con la intención de capturarlo y lincharlo, pero en su huida el individuo se encontró con una patrulla de la Policía de Turismo. Los agentes, al presenciar la escena, lo redujeron y capturaron.

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Cerca de 15 horas después del crimen, el detenido fue llevado a comparecer ante la justicia, hasta la Sala 1G del Centro de Servicios Judiciales de Bucaramanga. Allí, la Fiscalía presentó el material probatorio que vincula a Pinilla Gélvez con la muerte de su expareja.

Pese a que la Fiscalía le imputó cargos por feminicidio agravado, este no aceptó. Sin embargo, un juez de control de garantías le dictó medida de aseguramiento en un centro carcelario.

Del imputado se conoció que trabajaba en una zapatería en el sector de Sanandresito La Isla, era oriundo de Cúcuta y vivía en el barrio Cristal Alto de Bucaramanga.

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