
El clima tenso que generó el equipo de Walter Perazzo tras clasificarse a cuartos de final con gran angustia en Medellín a expensas de Egipto (2-1) pareció extenderse a la caribeña ciudad de Cartagena en los dos días previos al partido.
La aparición de la selección Albiceleste en el césped del estadio Jaime Morón generó sonoros silbidos y abucheos por contra de la recepción amistosa y con aplausos dispensada a los jugadores de Ilidio Vale.
Los primeros compases del partido también insinuaron que los de Perazzo no tendrían sosiego al ejecutar faltas y menos al desperdiciar oportunidades, pero pasado un cuarto de hora de provocaciones, las preferencias se ajustaron en las tribunas y emergió entonces el aplauso generoso para premiar el esfuerzo de lado y lado.
Argentina pareció entonces que jugaba de local cuando Esteban Andrada detuvo dos lanzamientos en la tanda de penaltis y daba a Argentina una ventaja, que parecía abismal.
Pero el desenlace inesperado, con el remate desperdiciado por su compatriota Leandro González Pirez y las dos atajadas soberbias de Mika a Alan Ruiz y Nicolás Taglifico, volcó la balanza a favor de Portugal.
El seleccionador Ilidio Vale agradeció al público por el apoyo en los momentos decisivos dado a sus pupilos, pero quedó en el ambiente que Argentina tuvo el suyo, no recibió hostilidad, y que los hinchas supieron reconocer el esfuerzo con sacrificio de Erik Lamela y compañía.

