Una ‘fiebre’ hereditaria
Llenar el álbum del mundial, intercambiar láminas, destapar sobres, esperar a que salga la más difícil, pegar las ‘fichas’ y verlo ‘completico’, se ha convertido en un plan familiar, e inclusive en un rito que cada cuatro años se hace previo a que ruede el balón orbital. Lo anterior ya hace parte de la vida de varios mortales. Me incluyo.
Precisamente, hace pocos días un colega me contó que estaba buscando láminas para llenar junto a su único hijo el álbum del Mundial. Fue ahí donde retrocedí el cassette de la vida y me acordé de que yo hacía lo mismo con el jefe de mi casa.
Esa moda no es de ahora, pues desde la época de nuestros padres, ellos se la pasaban en la misma rutina; o por lo menos el mío lo hacía; comenzando con la fiebre desde el de Argentina 78, pasando por España 82 y México 86. De ahí en adelante, el compromiso lo asumí yo, y hasta ahora vamos bien.
Completarlo y pasar sus páginas copadas vale más que el esfuerzo y el dinero que se le invierte a la colección, y aunque nuestra querida Colombia no aparezca en ninguna de sus hojas, ‘paga’ darse ese lujito que perdurará por los años en nuestra biblioteca futbolera; y que así como lo hizo mi papá, y lo hago yo en el presente, lo hará en el futuro alguno de los noveles integrantes del clan, de esa familia que adora y que ama al fútbol, y que disfruta con algo tan mínimo como que en un sobre de cinco ‘papeleticas’ le salga el Messi del momento o la brillante y hermosa Copa del Mundo.
