Jair Quintero's blog
Déjelo a su gusto
Yo en política no me meto. Por eso, a diferencia de otros que sufren, indagan, pelean, lloran y hasta persuaden con discursos baratos de nacionalismo a sus vecinos, compañeros de trabajo (me pasó), y amigos, en torno a la elección de un candidato presidencial; a mi la cuestión electoral, y con el perdón de los presentes, no me quita el sueño.
Goles y problemas
En la historia de los mundiales las duplas goleadoras siempre marcaron diferencia, sacando de líos a varios técnicos, o sino recuerde, para no ir tan lejos, la pareja brasileña de Romario y Bebeto en el 94, la argentina de Batistuta y el ‘Piojo’ López en Francia 98, y la italiana de Vialli y el endiablado Toto Schillaci en el 90, y se me quedan varias por fuera.
Encomendados al Corcovado
¿Cuándo será que Brasil no llega como favorito a un mundial? Pocas veces verdad. Siempre la ‘verdeamarela’ de ‘Ordem é Progresso’ ondeando, la torcida alentando, las garotas bailando y en la cancha los ‘marcianos’ jugando, deleitan al mundo cada cuatro años con su ‘jogo bonito’; característica fundamental en su colectivo, pero que en el último tiempo ha escaseado en el ‘Scracth’.
Zakumi, el ‘muñequito’ de moda
Campeonato Mundial que se respete debe tener su ‘mascotica’; ícono regional de la sede de la cita orbital; con sus colores, costumbres y hasta rasgos.
De todo se ha visto en la historia; frutas y verduras, con Naranjito de España 82 y el inolvidable Pique de México 86; ciudadanos del común con el uniforme de su selección como Juanito, Tic y Tac, y Gauchito, referencias animadas de México 70, Alemania 74 y Argentina 78; y hasta Ciao, una serie de cuadros verdes, rojos y blancos que simbolizó la unión de los italianos en el 90.
Una ‘fiebre’ hereditaria
Llenar el álbum del mundial, intercambiar láminas, destapar sobres, esperar a que salga la más difícil, pegar las ‘fichas’ y verlo ‘completico’, se ha convertido en un plan familiar, e inclusive en un rito que cada cuatro años se hace previo a que ruede el balón orbital. Lo anterior ya hace parte de la vida de varios mortales. Me incluyo.
Precisamente, hace pocos días un colega me contó que estaba buscando láminas para llenar junto a su único hijo el álbum del Mundial. Fue ahí donde retrocedí el cassette de la vida y me acordé de que yo hacía lo mismo con el jefe de mi casa.
