Domingo 18 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

El hábito no hace al célibe

En tiempos de cambio y de escándalos por abusos de sacerdotes, la posibilidad de aflojar las reglas del celibato, parece abrirse camino. ¿Será posible que el celibato sea una opción dentro de la Iglesia Católica?
Fotos: Tomada de Internet, Banco de Imágenes / VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Fotos: Tomada de Internet, Banco de Imágenes / VANGUARDIA LIBERAL)

Aunque por mucho tiempo, el celibato ha sido un tema tabú, en los últimos años el debate en torno a la apertura de sacerdotes casados recorre los nervios de la Iglesia Católica hasta el corazón del Vaticano.

Si bien la idea puede resultar atrevida e inadmisible para los sectores más conservadores de la Iglesia, poner fin a esta especie de ‘soltería forzosa’ dentro del sacerdocio que va más allá del marco de la fe, está bajo el foco mundial a raíz de escándalos de pederastia que han mancillado la imagen de esta institución y el buen nombre de sus miembros.

La Iglesia Católica lleva décadas luchando contra los abusos sexuales cometidos por sacerdotes.

A esto se le suma, la poca ordenación y en otros casos, la deserción de sacerdotes, 60.000 en las últimas décadas a menudo para casarse en todo el mundo, es uno de los fenómenos que más afecta a la Iglesia Católica, salvo África y Asia.

Pero por otro lado, está la cuestión de que muchos católicos se resisten a la idea de aceptar que oficie misa un cura con mujer e hijos.

Desde su perspectiva, Hernán Olano, doctor en Derecho Canónico y juez eclesiástico, describe dos fundamentos del celibato: “En primer lugar la idea de consagrarse por completo a la vocación y, en segundo lugar, el convencimiento basado en varios lugares de la sagrada escritura de que la virginidad es moralmente más noble que el matrimonio”.

Señala que desde el Concilio de Elvira, en el año 300, se estableció además la rigurosa disciplina sobre la formación y el sostenimiento del clero y ratificó, todas las normas previas relacionadas con el celibato.

Aunque recuerda que muchos papas violaron esta norma. Tuvieron hijos con varias mujeres durante el siglo XVI, en la época del Renacimiento. Y uno de ellos fue Alejandro VI, que dio origen al linaje de los famosos Borgia.

Igualmente el experto Olano alude a que los ritos católicos orientales y los ortodoxos sí admiten la ordenación como sacerdotes de hombres casados, pero no pueden acceder al rango episcopal, es decir, no pueden ejercer como obispos.

“Es por eso que se dice que la representación del matrimonio del obispo como su Diócesis es el anillo” que a su vez es su “esposa”, asegura.

Tampoco hay que perder de vista que hace 500 años, el protestantismo, una de las ramas del cristianismo, se separó de la Iglesia Católica, especialmente por el celibato.

En ese orden de ideas, Olano subraya que la coyuntura en torno al celibato, se remonta al cierre del Concilio Vaticano Segundo, convocado por Juan XXIII en 1959.

“Cuando hace ese llamado a la castidad sacerdotal se vuelve para muchos un obstáculo para servir a la comunidad, porque considera que deben estar dentro de la comunidad, y entonces, se inicia esa cercanía con hombres, mujeres, y esa proximidad hacia menores,” que da origen a los mayores escándalos, refiriéndose a la pederastia.

Luego, agrega, el pontificado de Juan Pablo II, en gran medida se hizo el de la vista gorda frente a las denuncias de abusos sexuales, herencia que le dejó a Benedicto XVI, quien justamente expide la primera carta sobre el celibato y tiene que sufrir los peores escándalos sexuales en Australia, Alemania, Estados Unidos y América Latina.

¿Menos pederastia?

Olano reconoce, que el problema termina por reventar como una bomba en el actual pontificado de Francisco, que adopta una política de cero tolerancia frente a la pederastia al interior de la Iglesia Católica.

Y es en el marco de estos sucesos, que salen a relucir voces que defienden que se acabe con esta regla del celibato, para contribuir a reducir los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes. Hay quienes, por el contrario, señalan que la ecuación celibato-pedofilia no es correcta ni real.

Recientemente el papa Francisco dijo públicamente que “el celibato no es un dogma de fe, es una regla de vida que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia”, dejando la puerta abierta a un cambio. De hecho, el pontífice insinuó que está dispuesto a debatir el tema en el Sínodo, reunión de obispos, que se celebrará en octubre de 2019.

Con dogma se refiere a algo que la Iglesia considera “verdad absoluta”, y que por lo tanto no puede ser modificado.

Siglos de historia

En tanto, Catalina Hernández, teóloga de la Universidad Javeriana de Bogotá, hace la precisión de que lo expresado por el Papa argentino no es un pronunciamiento oficial sobre el celibato sacerdotal, y en ese sentido hay que ser cuidadoso frente al tema.

Si bien no es un dogma de fe, considera que es una norma de vida que se practica por muchos siglos, se remonta a los monjes benedictinos, en el siglo III después de Cristo.

“Es muy complicado que esto se dé”, opina la experta aunque no descarta que el tema se pueda abordar en el Sínodo del próximo año.

A su juicio, hay una serie de presiones con respecto a los últimos acontecimientos, ya que se habla de que se está castigando a los pedarastas, y es claro, según ella, que el Papa está poniendo el acento en el proceso de admisión a la vida consagrada, sean sacerdotes o religiosas.

Sin embargo, Hernández subraya que existen normas en la vida eclesiástica, normas implícitas desde el momento mismo en que los curas se ordenan, y una de ellas es la norma estricta del celibato.

Y anota, que las especulaciones pueden seguir su curso en torno a que están teniendo falta de vocación sacerdotal, “pero de allí a modificar una norma y una práctica, supone el replanteamiento de las comunidades y de la propia institución”.

Además la teóloga hace referencia a un replanteamiento cultural y es, “hasta qué punto la gente que exige que los dejen casar, va a aceptar la comunión a un hombre casado y con hijos”.

Por eso, la experta estima que el error es poner a la Iglesia en una esfera de secretismo, cuando hay normas establecidas desde hace muchos siglos. Y en este caso, una norma como el celibato, que no puede ser derogada de un plumazo.

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