La Navidad tiene su estrella: es un brillo que irradia una sen-sación de bienestar y de armonía. Todos, hasta esos que se ponen el rótulo de ‘amargados’, lo sienten en algún momento.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
De hecho, dicen que la Navidad es un astro que durante todo el mes de diciembre guía los corazones de quienes deciden celebrarla.
Cierre los ojos e imagine que le corresponde hoy seguir una estrella por cada uno de los dones con los que Dios lo ha bendecido.
¿Por qué o por quién le seguiría la luz a esa estrella?
Responda tal interrogante desde el fondo de su corazón. Después, analice que cada estrella que hay en el cielo le despertará un sentimiento especial porque, así no lo admita, usted tiene muchas cosas por celebrar.
Piense en su hijo, en papá, en mamá, a lo mejor en el trabajo que tiene o incluso en ese amigo con quien le gustaría compartir un abrazo.
La estrella de la Navidad nos permite salir de una extraña oscuridad que, de manera desafortunada, nos acompaña a muchos seres humanos durante buena parte del año.
Y es que tenemos hijos, pero no conectamos las luces para ser papás; tenemos sueños, pero no utilizamos las estrellas que nos iluminan el camino hacia las metas.
La estrella de la Navidad también nos recuerda, sin lugar a dudas, que no podemos dejar que Dios esté por fuera de nuestros asuntos.
¿Saben? Sería un buen ejercicio en estos tiempos pedirle algo con fe y luego dejar el asunto en manos del Altísimo. Debemos entender que Él siempre toma nuestras angustias en sus manos y nos cobija con sus brazos.
No se aburra porque su hijo aún es un adolescente y le trae disgustos. No se apure por verlo madurar; más bien piense que Dios quiere que usted comparta más tiempo con él.
Tampoco pierda la salud para tener dinero. Por pensar de una manera ansiosa en el futuro, a veces descuida su hora actual, con lo cual ni vive el presente ni el futuro.
Así Dios nos parezca mudo y pensemos que no trata de arreglar las cosas; en cada paso de nuestra vida, siempre vemos su amistoso rostro; sobre todo en esta hermosa época.
El título de la reflexión de hoy no se puede leer solo como un epígrafe más; es una luz que Dios quiere que nos ilumine por siempre. Por eso, decidamos confiarle nuestros asuntos a Dios y decida disfrutar la Navidad.















