Ahora el “viejo” hospital necesita una reforma muy grande para volverlo antisísmico; para esto, está en marcha ya una serie de cambios en su estructura que son casi como volverlo a hacer, con el agravante de que hacen casi imposible habitarlo durante el tiempo de la obra que fácilmente durará 3 años, con grandes tropiezos para la atención de los pacientes y daños muy grandes a la formación médica.
Ni al “mejor gobernador”, ni al “alcalde empresarial” se le ocurrió que Bucaramanga debía tener un nuevo hospital, más moderno, más grande, más hermoso, etc., etc.
En lugar de arreglar el actual, se debería haber construido uno nuevo - al lado- y después haber demolido el anterior y hacer allí nuevos espacios para parqueo, para la Universidad, para nuevos proyectos médicos etc. Es todavía hora de parar.
El daño se puede reparar. Un nuevo hospital necesita la ciudad. Se lo merece.

