Sin embargo, se dejan manipular por vanas promesas, y al final terminan eligiendo a unos desalmados políticos (atrincherados en las poltronas del Capitolio, únicamente velando por sus intereses y los de sus secuaces y otros carnales haciendo lo mismo desde la administración pública).
Recordemos el viejo refrán de la sabiduría popular, para no seguir sufriendo con nuestros desatinos, amor con amor se paga (corresponder en la misma medida con que nos tratan nuestros dirigentes - debemos ser irónicos-).

