Respecto de su columna me refiero: Yo soy una mujer gorda aunque en mis tiempos de juventud fui delgada y ojalá usted hoy contara con los admiradores que tuve y aún tengo, y un esposo que me quiere, sin ser una anoréxica como usted que si no la mata la enfermedad se la lleva el viento.. será por eso que viven como amargadas.
Orgullo me da cuando el maestro Botero nos escogió a nosotros los gordos como modelos de sus obras y nuestro anterior alcalde quiso adornar los parques con las gordas para deleite de los señores cansados de ver estas flacuchentas que cuando se desnudan dan miedo de tocarlas por temor a que se desarmen. Fíjense en la gordita Fabiola, la quiere todo su público y su esposo la adora porque los gordos llevamos siempre la chispa del buen humor, no vivimos privados de nada como ustedes las anoréxicas que viven tan amargadas que hasta el suicidio llegan, no andamos tampoco estirándonos las arrugas y poniéndonos lo que Dios no nos dio. Mejor, señorita Azcárate, antes de hablar pues piense y luego escriba.

