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Viernes 21 de Julio de 2017 - 12:01 AM

HAGASE OIR

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La promesa de Santos

Como era de esperarse de cualquier miembro de la clase política, el presidente Santos confabulado con su Minhacienda, otro privilegiado de la burocracia tradicional, le dio la espalda a los pensionados con el mínimo al objetar el proyecto legislativo que aspiraba a reducir la contribución del 12% para salud, con una sarta de argumentos leguleyistas rebuscados y contradictorios.

El 12% en comparación con el 4% de los demás contribuyentes para salud, es a todas luces injusto, antijurídico y por tanto anti constitucional. La decisión de Santos demuestra que la mentira es consustancial con su concepto de la ética; recordemos que en su campaña dijo que “grabaría en piedra su promesa de ayudar a los pensionados. Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las Leyes, dijo el día de su posesión.

Carlos Martínez Rojas

¿Caímos en las barras bravas de la política?

No sé hasta dónde hemos llegado en esta polarización del país que tristemente nos ha sabido dividir y por ese fanatismo ciego no analizamos casos elocuentes y corremos en defensa de unos y de otros como sonámbulos, cayendo en las garras de políticos a los que subimos a pedestales imaginarios y a los que no les encontramos ningún pecado, más por el contrario los convertimos en “dioses” mientras ellos hacen del país lo que sus amplios intestinos les pidan.

Hoy, cada quien se bate en su lado con las que considere las mejores armas y no les importa si de frente se lleva hasta sus mejores amigos como en las mejores épocas de la década del 50. Levantamos la voz y gritamos en las redes sociales como el mejor hincha en la tribuna.

No nos importa el hecho sucedido, lo que nos importa es que sea de nuestro equipo. Que se robó millones de dólares, está bien es de mi partido y eso basta, al fin y al cabo mi partido no es corrupto, los corruptos son los otros. Que un guerrillero desmovilizado no puede ser perdonado, pero Ramiro Lucio si puede y hoy es un conocido pastor con su iglesia propia. Acaso San Pablo antes de ser cristiano no era un fanático peor que Ordoñez?

La verdad hemos caído al nivel de que parecemos como cuando en un partido el árbitro expulsa a un jugador y los aficionados del equipo al que pertenece dicho jugador gritan todos en contra del juez, mientras en la otra tribuna los hinchas del equipo favorecido aplauden a radiar .

Así estamos, alguien diría que hemos caído en: “el colmo de la imbecibilidad”. Ahí hemos bajado, al mejor estilo de las “barras bravas”, mientras los amos de la política se ríen de vernos pelear.

José Darío Castañeda

La sal se volvió insípida

La palabra de Dios nos enseña a orientar nuestro actuar y cómo obrar con rectitud, a fin de que nuestras acciones den ejemplo de vida. Muy seguramente, para muchos no exista la rectitud de conciencia y su andar se ha extraviado por senderos peligrosos.

La justicia ya no es recta e imparcial, la violencia resuelve lo que debiera ser con hechos de paz, y el mal del siglo que recorre el mundo desde la periferia hasta su núcleo, la corrupción, permeó todo y no aflora un vistazo de enmienda, pues quienes debieran ser guardianes de los bienes públicos y privados, son quienes más impregnados se hallan, cobijados por la impunidad, otro mal cancerígeno. Son dos males atroces del mundo de hoy, porque no hay rincón donde no salte la liebre, ni personas hasta hace poco confiables, en las que puedan tener seguridad los pueblos: es la pandemia de los últimos tiempos, dicen algunos.

Llámense epidemia, endemia o pandemia, la corrupción está acabando con todo; el desprestigio de las mal llamadas democracias donde parece que todo fuera lícito, se desmoronan y los varones que ostentan el poder se convirtieron en zombis, apenas caminan, sonámbulos, no ven, ni oyen ni sienten.

Es el desbarajuste de una sociedad que da la impresión que con su actitud, acepta o aplaude y no se ha percatado que camina hacia el abismo.

Si la sal pierde su sabor no habrá con que sanar el mundo.

Tobías Herrera Méndez

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