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Lunes 31 de Julio de 2017 - 12:01 AM

HÁGASE OIR

De la pluma al fusil

De la pluma al fusil

De una escopeta surgió una guitarra, la Escopetarra, que ahora dispara alegres canciones. En Cartagena, el acuerdo de paz se firmó con un lapicero hecho de una bala para simbolizar que se silencian los fusiles y surgen las ideas.

Ahora observamos lo contrario, algunos que tienen la pluma y la virtud de escribir bien, la han convertido en fusil y asesinan la moral, las virtudes, la convivencia, la tolerancia; se presentan como los portadores de la verdad y se creen con libertad de escribir de todo y de todos.

La pluma juzga delitos antes que el juez, la pluma convertida en fusil mata el honor de las personas, dispara ráfagas de tinta para burlarse de los defectos físicos, de la limitaciones intelectuales y se emplea para ensalzar falsos líderes, opacar opositores y crea nuevos paradigmas de virtud y moral. Ese nuevo fusil, lastima, entristece, empobrece; si no mueres, puedes quedar muy lesionado y quien lo porta usualmente es muy bien remunerado.

Escribir con saña, con poder y con rabia, paga

Enrique Rueda Pinilla

Acción altruista

castigada

He leído las dificultades que se presentan en los cuerpo de socorro civil, que por solidaridad con familias en tragedia, algunos de sus integrantes hicieron colectas, sin supervisión de los superiores. Un voluntariado se ejerce de forma tal que se desprende de toda forma de interés personal, pero es algo que hoy no se encuentra dada la evolución de la sociedad mercantilista. Dicho personal (cuerpo de socorro), fue expulsado del servicio, pero se debió hacer análisis y no desmoralizar a quienes sienten y quieren brindar apoyo de manera incondicional. Parece que se debe iniciar una cátedra de misericordia, tolerancia y convivencia; no es bueno acabar por criterios personales, lo sembrado en instituciones de servicio comunitario.

Héctor Hernández Mateus

Una justicia cangreja

Cada día vamos para atrás, como el cangrejo. Si nos ponemos a mirar todas las normas que en su momento se crearon para luchar contra la delincuencia, se devolvieron en contra de la Justicia, pero sobre todo en contra del país. Ayer vi que el Gobierno presentó un proyecto de Ley donde se busca que algunos delitos ya no lo sean y que las personas mayores de 60 años paguen sus condenas en sus casas.

En su momento todo eso se dio como la panacea para solucionar los problemas de tanta delincuencia. El problema de la delincuencia es coyuntural y tiene muchas aristas: la falta de oportunidades laborales, la droga, la desigualdad social.

Con éstos nuevos proyectos legislativos, el Gobierno busca paliativos urgentes para disminuir el monstruo que el mismo Gobierno y la Justicia han creado: el hacinamiento carcelario, que se les está saliendo de las manos y que es una bomba de tiempo a punto de estallar.

Mejor dicho, si las cosas siguen así, a nuestra Justicia hay que llamarla por su nombre, el real, pero de para atrás: AICITSUJ.

Hernando Mantilla Medina

El fanatismo

De los males que golpean al mundo, el fanatismo se lleva todos los laureles. Vemos a diario personas que defienden a determinados partidos políticos, grupos religiosos, equipos de fútbol o posiciones ideológicas de cualquier tipo sin análisis de ningún tipo y sin aceptar argumentos de quienes piensan diferente.

En nuestro país muchos se sienten orgullosos de ser fanáticos de determinados dirigentes que se creen poseedores de la verdad y acatan a ojos cerrados lo que ellos digan.

¿En dónde está el criterio personal? Hago un llamado a los lectores para que se atrevan a pensar libremente sobre la realidad de nuestra ciudad, departamento, país y mundo, porque esos pensamientos unidos van a crear una posibilidad para que se acabe la corrupción, la guerra, el poder sin medida y la injusticia.

Lograremos que nuestro país se dirija hacia el futuro con mucha más sabiduría y respeto por los demás, ésta es la clave para lograr una mejor vida para todos, especialmente nuestros hijos y nietos.

Darío Augusto

Pedraza Habeych

Envíe su correspondencia a nuestras oficinas o al correo electrónico: hagaseoir@vanguardia.com

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