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Miércoles 16 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

HAGASE OIR

Cínicos y sinverguenzas

Demandar a alguien por calumnia apelando al derecho a la honra y al buen nombre después de lucrarse deshonrando a los demás es sin duda propio de un cínico y sinvergüenza. Y qué tal los periodistas que lo protegen y lo exaltan como adalid de la libertad de expresión.

El que calumnia a un periodista debe ser sancionado (por supuesto) pero considerar que el periodista que calumnia y deshonra a los demás debe ser exaltado como adalid de la libertad de expresión es propio de cínicos y sinverguenzas. Y qué decir del magistrado que dictó el fallo, que no fue capaz de por lo menos increpar al periodista en aplicación de un sano principio de justicia. Ante tan claras evidencias como las presentadas no puede haber otra razón que la triste realidad de la vigencia de un servilismo al dinero y al poder. Pocos son los medios que con personalidad y carácter no le temen a la búsqueda de la verdad y divulgan diversos puntos de vista.

Carlos Alberto Naranjo

Árbitros y el abuso

de poder

En días pasados acompañé con mi familia a mi hijo a presenciar un partido de fútbol de las ligas inferiores (menores de 18 años) y antes de que empezara su partido, vimos el segundo tiempo de otro partido al que le faltaba el segundo tiempo para terminar.

Sin embargo nos sorprendió el hecho de que el árbitro pitó incorrectamente más de cuatro faltas en contra del mismo equipo. Cuando el partido estaba por terminar, los padres molestos empezaron a gritarle al árbitro. este tomó como represalia pitar incorrectamente un penalti en contra del mismo equipo al que le venía pitando en contra y dejarlos perdiendo 1-0 el partido.

Obviamente los padres y espectadores le empezaron a discutir mientras abandonaba la cancha. Uno de los técnicos del equipo afectado explicó a los padres de familia que este árbitro tenía una rencilla personal contra otras categorías de este mismo equipo y por esta razón se había venido a desquitar siendo pitándoles en contra.

La verdad, me cuestionó que si bien el deporte es salud, previene las drogas y por consiguiente la paz, la tarea de los árbitros cuando no son imparciales y profesionales, destruye la labor de construcción de sociedad que aporta el deporte.

Victoria Eugenia Muñoz

Costoso es orinar

El código de policía trae cosas insólitas que sorprenden aún a quienes el orden y las buenas conductas nos parecen tan necesarias. La urgencia urinaria es una patología de difícil manejo; algunos requieren orinar con frecuencia por necesidad y buscan con urgencia un baño; otros por vulgaridad y sin necesidad lo hacen en la calle, así con la facilidad que ahora los jugadores de fútbol escupen en la cancha.

Pero castigar con multa de $760.000 a una persona que sea sorprendida detras de un árbol orinando me parece exagerado y más si el policía no lo deja terminar, porque le da un bolillazo en el trasero.

Educar sí y castigar pero con mesura, tomando en cuenta el bolsillo del ciudadano y considerando que no hay baños públicos.

Enrique Rueda Pinilla

Ni bonita ni buen vividero

Basta una simple salida a cualquier parte de la ciudad, para constatar que dista mucho de ser la Ciudad Bonita y el buen vividero que algún día fue. Las basuras en las calles, los huecos, las faltas de señalización, el embotellamiento vehicular en cualquier zona, los parques convertidos en antros para el consumo de estupefacientes, la inseguridad, la informalidad que se tomó la ciudad, los habitantes de la calle creciendo exponencialmente, la piratería, la intolerancia, la anarquía de motociclistas y taxistas, la falta de cultura ciudadana, la grosería y ramplonería de muchos habitantes, el caos de la movilidad para peatones, las calles convertidas en parqueaderos, los fleteos, los homicidios en la zona norte, el vandalismo de los jóvenes con las mal llamadas fronteras invisibles, la ausencia de autoridades de tránsito y policía y otros problemas han transformado para mal a la otrora ciudad de los parques, la ciudad cordial, la ciudad bonita y el mejor vividero de Colombia. Cambiar para empeorar no es cambiar.

Damaso Londoño

Envíe su correspondencia a nuestras oficinas o al correo electrónico: hagaseoir@vanguardia.com

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