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Sábado 09 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

HAGASE OIR

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Como las flores

Un joven le preguntó al sabio consejero, ¿qué debo hacer para no enojarme? Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes y otras indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian. ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el sabio consejero.

Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el joven. Pon atención a esas flores, continuó el sabio, señalando unos lirios que crecían en el jardín. Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Ellas extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.

Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos, y si no son tuyos, no hay motivo para molestarte. Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien. Esto es vivir como las flores.

Christina Fiallo

Retractación

y conciliación

Hoy se puede difamar con la calumnia y la intriga, para luego retractarse y decir que era mentira; cuando a un árbol le quitamos las hojas que ha producido, es imposible volverlas al sitio donde han crecido.

Las cicatrices que dejan, la calumnia y la deshonra, entre más profundas sean, no fácil el tiempo borra. Con retractarnos creemos sanar heridas abiertas, pero quizá no notamos que hemos cerrado las puertas.

La justicia hoy nos incita a que haya conciliación, pero esta sanar no puede, lo que hizo difamación, retractarse y conciliar es echar agua a la herida, para volver a empezar, la misma causa perdida.

El que peca y reza empata, dice el dicho popular, el que calumnia y difama, se salva con retractar, ello no debiera ser, porque hay heridas abiertas, que no se pueden sanar, con sólo cerrar compuertas.

Hugo Fernelly González G.

Aprecio la justicia

Algunos magistrados de las altas cortes judiciales han sido señalados como malhechores de poca monta, cual alimaña de bajo perfil. Los asépticos hombres encargados de los más altos menesteres judiciales, ahora comparecen como unos vulgares mercaderes del Derecho.

Es larga la lista de tan altas dignidades que, ante un fajo de billetes, palidecen, se envilecen y sesgan sus fallos. No se ponen tibios, ni colorados. Los epónimos e innombrables hombres de las altas cortes cubiertas de birrete, toga, martillo y un exagerado sueldo ladean, se turban, se arrastran ante el maldito dinero; cambian el birrete por billete.

Los honorables magistrados no rubrican fallos veniales, firman fallos capitales así como los capitales que reciben por tan “honroso mandado”. Qué tristeza, qué pobreza que a estas inescrupulosas personas que ganan lo suficiente, no les alcancen estos salarios para llevar una vida decente y que tengan que recurrir a maniobras, a entuertos, a marrullas, dizque para vivir como gente. No los condeno, no los absuelvo, -no soy juez ni quisiera serlo, tan desprestigiados que están- mejor les miento la madre...

Renzo Orlando Gutiérrez R.

De la corrupción

Pretender que los corruptos legislen para acabar la corrupción es un folclorismo más de las repúblicas bananeras. Así se hundió el tribunal de aforados y la reforma estructural a la política.

No hay institución en Colombia que tenga credibilidad. La institucionalidad se derrumbó hasta el punto de no retorno. La sociedad civil, el pueblo, debe exigir la convocatoria de una Asamblea Constituyente que tenga las facultades para erradicar las causas que generan la corrupción: el histórico contubernio de los tres poderes para repartirse entre ellos el botín.

Hay muchos colombianos idóneos, honestos, inteligentes y preparados para conformar esta Constituyente. Entre otros, miembros de la Academia, líderes campesinos, defensores de derechos humanos, ONGs comprometidas con la transparencia, dirigentes ciudadanos de barrios y juntas de acción comunal, ciudadanos íntegros, honestos y trabajadores.

Una tarea esencial es quitarles a los políticos el manejo de la Educación. Una Revolución Educativa que retome la formación en historia, ética, valores, formación política y convivencia ciudadana

Dámaso Londoño

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