Jueves 18 de Septiembre de 2014
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Alfonso Marin
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Sábado 26 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

El Almanaque de la Cabaña

Autor: Alfonso Marin

Como muchas de las cosas que anuncian la navidad y el fin de cada año, apareció por estos días la publicación anual del Almanaque de la Cabaña. Sencilla y tradicional publicación que desde 1914 se ha convertido en el amigo inseparable de la familia campesina colombiana. Puesto casi siempre detrás de la puerta principal de la casa, era, no sé ahora qué tanto, el oráculo y el consejero permanente de toda la actividad agraria de la hacienda. Muy pocas cosas se adelantaban o hacían sin la consulta de este almanaque. Empezando por la consulta sobre los cambios de luna tanto para la siembra como para la recolección de la cosecha. Con esta misma ayuda se procedía a purgar animales y a cortar la madera para la construcción de las casas; cualquier madera cortada fuera de la luna menguante no servía para la construcción por su poca durabilidad.


El Almanaque de la Cabaña servía para todo, inclusive para la búsqueda del nombre del niño recién nacido. Con la ayuda de este almanaque se conservan nombres como Malaquías, Lorenzo, Fermín, Braulio, Isidora, etc. Porque tuvieron la fortuna de nacer justo el día que la iglesia había dedicado para la veneración de dicho santo. Una ventanita cultural que siempre trae cada entrega le da espacio a los pintores del renacimiento con una estampa religiosa o en el mejor de los casos algún poema agrario de un reconocido poeta. Por todos estos detalles y su invariable diseño, este almanaque es un verdadero patrimonio de nuestra cultura santandereana, que somos los primeros en celebrar que se siga publicando, pues tiene derechos reservados y patentados por la editorial La Cabaña. Es posible que ya no se consulte con la misma credibilidad, porque otras instituciones como el IDEAM por ejemplo, nos ilustran sobre los posibles estados del tiempo para la siembra; y para el caso de los nombres propios para los niños y niñas, los padres prefieren inventarlos para que no se parezcan a nadie, así se corra el riesgo de que algunos no se puedan ni siquiera pronunciar o menos, escribir. Para el caso de la madera, ya nadie pregunta cuándo la cortaron, si en menguante o creciente, lo importante es que la consigan, sin pensar mucho en cuánto puede durar. Además porque cada día hay más escépticos que no creen en las fases de la luna y en su influencia en la vida de las plantas y de las personas.


Como las cosas a veces tienden a regresar un poco, cuando nos damos cuenta que ir en contravía de la naturaleza no trae mucho provecho, es posible que volvamos a consultar otra vez el Almanaque de la Cabaña con la misma credibilidad, pensando en que los astros se influencian entre sí unos y participan en algo de ese todo armónico que se llama universo.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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