La pregunta central no es sobre cuándo se va recuperar la economÃa mundial, sino cuál será el camino hacia un funcionamiento más balanceado y menos desigual del capitalismo a escala global.
El proceso anterior no puede seguir. La nueva era del capitalismo mundial sólo puede arrancar sobre bases completamente diferentes.
Instalar un crecimiento alto y estable será resultado de acciones estatales que deberán ir mucho más allá de la generación de increÃbles déficit fiscales, principalmente en Estados Unidos, y de la expansión inaudita del crédito de los bancos centrales de los paÃses ricos. Estas medidas son necesarias, pero sólo pueden dar un respiro en la andadura hacia una nueva arquitectura del capitalismo mundial. La crisis financiera global será una presencia persistente, y con certeza irá más allá del final de 2009.
Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, economistas de las Universidades de Maryland y Harvard, publicaron hace poco más de un año un ensayo sobre los rasgos comunes de las crisis financieras en los paÃses más avanzados. En enero de este año, los autores presentaron en un Seminario técnico una actualización y una ampliación de las bases de información de su artÃculo inicial, para incluir datos sobre crisis bancarias en paÃses más pobres, incluyendo la colombiana de 1998.
Las conclusiones de estos ensayos son bien interesantes para la comprensión de la historia. En primer lugar, las grandes crisis financieras de las naciones pobres se parecen mucho a las de las naciones ricas.
En segundo lugar, las crisis financieras generan caÃdas en el PIB que duran, en promedio, dos años. Los mercados de activos registran profundas caÃdas de precios: el valor de la finca raÃz declina, según los artÃculos, en un promedio del 35% a lo largo de 6 años, y el desempleo sube en promedio 7 puntos en un periodo que puede llegar hasta 4 años. Un resultado especialmente relevante: La deuda pública se expande en un promedio de 86%, y ello no se debe principalmente al costo de la capitalización o nacionalización de las entidades financieras, sino a la disminución del recaudo tributario. Un resultado significativo, que merecerÃa una elaboración adicional: En la muestra de trece crisis financieras utilizada por Reinhart y Rogoff, Colombia tuvo, en los tres años siguientes a la crisis de 1998, un aumento acumulado de la deuda pública del 170%. Para la muestra el promedio fue 86%.
Sabemos que esta crisis financiera no tiene precedentes. En consecuencia, es razonable prever que el mundo deberá nadar en el pantano durante un tiempo considerable antes de recuperarse del desempleo y la recesión. Pero el mundo anterior a 2008, desajustado en sus balances comerciales, fiscales y financieros entre paÃses y regiones, no volverá. No bastará el estÃmulo fiscal y monetario.
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