
Toda la vida estaremos endeudados y ojalá podamos dejar también a nuestros hijos endeudados con nosotros. No, no me refiero a las letras de cambio, ni siquiera a las cuentas que confiamos poder cancelar al final del mes. Las deudas verdaderamente grandes jamás podremos satisfacerlas. A lo más que podemos aspirar es a cubrir los intereses.
Si hubiéramos de hacer la lista de nuestras cuentas pendientes, sería obra de nunca acabar. Un “pagaré” a Job por su ejemplo de paciencia; una cuenta abrumadora de Miguel Ángel; a Chopin y a Bach, grandes obligaciones. El sacrificio cotidiano de las hermanas de la caridad, de las enfermeras y médicos, nos exige en pago un esfuerzo de abnegación que pocos estamos en condiciones de realizar. Las sonrisas y los saludos cariñosos que a diario recibimos en la calle bastan para mantener sobregirada nuestra cuenta.
No; nunca podríamos pagar todo lo que debemos al prójimo: a los maestros de la antigüedad; a los creadores de lo nuevo; a los estadistas; a los profetas; a nuestros padres; a cuantos con nosotros comparten cargas y alegrías; a nuestros amigos; a nuestras esposas o maridos. Gracias a Dios por estas deudas. Y quiera El bendecir nuestro esfuerzo por satisfacerlas con largueza y caridad, con voluntad de servir y amor a los demás. El trabajo debe ser divertido. “Un juego”, decía Albert Einstein, gran trabajador. El trabajo hecho como juego y diversión impide el estrés, la presión alta, los infartos. ¿A quién no le encanta jugar?
Según algunos estudios, de 100 trabajadores, 80 van renuentes al trabajo, lo cual los convierte en trabajadores de segunda clase que lograrán productos de tercera clase. Y la calidad total ¿a dónde va a parar?
El trabajo debe hacerse con conocimiento: actuar en lo que es su campo; no aventurar en aéreas que no son las suyas. El conocimiento es una moneda que hay que pagar antes que el trabajo comience a dar sus bendiciones. Al lado del conocimiento, la disposición de ofrecer un trabajo hecho con calidad y competencia, con entrega y ahínco, con actuaciones de experto.
La vida premia con creces el esfuerzo, la calidad y la entrega. Las riquezas de la vida van siempre a donde hay seres que trabajan con amor, devoción, alegría y con generosidad.