“Qué ingratitud, después de todo lo que hacemos por ti”, eran las palabras que de niño oía cuando era pillado en alguna travesura. La verdad es que en ese entonces no entendía bien que la frase pretendía ser un regaño, razón por la cual tuvieron que apaciguar mi espíritu inquieto con llamados de atención más tangibles. Aún hoy encuentro difícil asimilar el concepto, ya que esto de la ingratitud despierta inmediatamente mecanismos de defensa que nublan nuestro entendimiento y nos hacen proclives a no reflexionar sobre ello. Es mas fácil comprender, por ejemplo, cuando estamos con ira, o temerosos, o angustiados. Además, la ingratitud como su primo, el egoísmo, son de aquellas cosas que se nos facilita más ver en otros.
Me puse a pensar que para ahorrarme los bullicios y trancones podría dar en esta navidad aquellos regalos que no necesitan empacarse. Reflexioné que en esta lista podía incluir la gratitud (logrando así de alguna forma indemnizar a aquellas víctimas de mis ingratitudes). Sin duda todos tenemos una deuda de gratitud con alguien, pero seguramente no hemos sido capaces de expresarla con lo cual pasamos de ingratos. Es algo que damos por hecho y por eso se nos vuelve como aquel paisaje que dejamos de apreciar de tanto verlo.
Me saldrá larga la lista. Un empresario que respeto me invitó a dar una charla en su compañía y estoy agradecido por brindarme su confianza. A un jefe de antaño nunca le agradecí su sabiduría y paciencia. Otro nunca supo el significado que tuvo para mí el invitarme una tarde a estar en compañía de su familia. A aquellos que son para mí ejemplo de virtud y humildad, me costará más trabajo decirles. Mi esposa se sorprenderá al escuchar mis palabras pero cuando oiga la sinceridad de mi voz le parecerá el mejor de los regalos. Mi cuñado, Hans, no me entenderá pero su corazón es tan especial que no necesita hacerlo. A mis hijos adolecentes les parecerá raro que les agradezca que me hayan permitido el tránsito de papá regañón a papá amigo.
Es mejor “dar que recibir”, dicen; creo que esto se cumplirá a cabalidad al reconocer las deudas de gratitud. Descubro que la lista no la podré agotar en esta navidad y por lo tanto tocará hacer el propósito de agradecer más seguido para que no se acumulen.

