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Martes 29 de Marzo de 2011 - 12:01 AM

Censura a los Simpson

La joya de la corona de la democracia es la libertad de opinión y por ende la libertad de prensa. Cualquier medida que la limite, desnaturaliza al sistema.


Cuando hay conflictos armados, se sabe que conllevan a la guerra de la desinformación como elemento estratégico en la confrontación. Por lo mismo, se dice que la primera víctima de una guerra es la verdad.


Una manera de limitar la opinión es la censura, la cual no se aplica sólo a la protección de intereses militares, sino que es usada con frecuencia para proteger intereses económicos.


Europa y Estados Unidos proveen a sus empresas de energía atómica. Algunas de sus plantas nucleares tienen estándares de seguridad inferiores a los de la central de Fukushima.


La tragedia japonesa ha sensibilizado a la población europea y a la americana sobre los riesgos de la energía nuclear, creando una difícil coyuntura, pues la parálisis de las centrales atómicas, para revisión o para ajustes, puede llegar a crear una crisis de inimaginables proporciones en el suministro energético, con grave afectación para la producción industrial, la economía y el bienestar de sus sociedades, especialmente a las europeas.


La alternativa energética con fósiles, carbón y petróleo, agravaría la emisión de CO2 y el efecto invernadero, por lo cual estamos frente a un problema colosal.


Para disminuir la prevención de sus ciudadanos, anticipando la presión de ellos sobre sus gobiernos, algunos países europeos han anunciado la suspensión de capítulos de la famosa serie "Los Simpson", dado que Homero trabaja para el perverso señor Burns, en la planta nuclear Springfield, y se ha dicho que la emisión de capítulos que contengan la explosión de la planta o accidentes nucleares mortales en la famosa serie de ficción, "hiere al sentimiento japonés".


Disculpas y eufemismos para proteger al capital primero que al ser humano. La censura de los Simpson es otra estupidez del poder político y económico de las endebles democracias, que se suma a la información fragmentada sobre el asunto nuclear.


A mayor información, es más probable encontrar la solución. A mayor democracia real, es menor la probabilidad de cometer errores humanos.


Nuevamente, la realidad supera a la ficción.

Autor:
Jaime Calderón Herrera
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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