Jueves 01 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Lula II

Columnista: Alexander Arciniegas

La semana pasada el Tribunal Regional de Porto Alegre, confirmó por unanimidad, la condena por corrupción contra Lula. Tal decisión no sorprendió, considerando que hace seis meses, el magistrado presidente de esta corporación apareció en los medios elogiando la “perfección” de la sentencia del juez Sergio Moro.

Se trata de la primera condena a un ex presidente en la historia brasilera y detrás de tan severa determinación, que inhabilitaría al favorito para la elección de este año, no tenemos un poder judicial actuando con autonomía e imparcialidad, sino subordinado a poderosos intereses políticos y económicos interesados en evitar el retorno de las políticas nacionalistas y de combate a la desigualdad que hasta hace poco hicieron de Brasil un país respetado internacionalmente.

La arbitrariedad con que Moro condujo la investigación, su incapacidad para probar la intervención e influencia indebida de Lula y el provecho particular que le imputa en la corrupción de Pretrobras, lo mismo que el cuestionable papel del STF- el más alto tribunal judicial brasilero- atrapado en un espiral de autodegradación en virtud de su rol de facilitador y legitimador del inconstitucional impeachment contra Dilma Rousseff, dan la razón a quienes vienen alertando sobre los abusos al debido proceso y al estado de derecho en el ámbito de la Lava Jato.

A medida que los desafueros de la justicia avanzan, gana espacio la percepción de que Lula sería un “buey de piraña” dentro una poco creíble cruzada moralizadora que al mismo tiempo, tolera la notoria corrupción de la actual cúpula en el poder encabezada por Temer y el senador Arcadio Neves. No es casual que mientras la popularidad de Moro se derrite, Lula continúe arriba en las encuestas, incluso después de conocerse el fallo del tribunal porto alegrense.

Seguramente, la cruzada anticorrupción terminará en la condena al lulismo bajo el mantra: “no tenemos pruebas pero tenemos convicción” como diría uno de sus acuciosos fiscales, pero sus consecuencias políticas perduraran sobre la golpeada democracia brasilera.

Autor:
Alexander Arciniegas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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