Jueves 15 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Crimigración

Columnista: Alexander Arciniegas

La migración venezolana, como la odisea de cientos de miles de africanos y asiáticos luchando por llegar a Europa a través del Mediterráneo, hace parte de la crisis global de los refugiados. Estos hombres, mujeres y niños viven una situación angustiante y como si fuera poco, son sometidos aquí y allá a un creciente proceso de criminalización marcado por la xenofobia y las deportaciones.

Lamentablemente es en esta dirección que apunta la respuesta del Estado colombiano frente al éxodo de venezolanos a juzgar por las recientes medidas de “control”: suspensión de la tarjeta migratoria, exigencia de pasaporte, como si no se tratara de personas extremamente pobres y la militarización de las trochas fronterizas. Paralelamente desde sectores sociales, políticos y medios de comunicación se estigmatiza a estos migrantes, asociándolos con la criminalidad o culpabilizándolos de nuestros problemas en materia de salud, educación, seguridad y empleo, encubriendo deliberadamente sus reales causas. Tales posturas olvidan, por ejemplo, que desde antes de la llegada de estas personas, Cúcuta ya encabezaba los índices nacionales de desempleo e informalidad.

Una respuesta eficiente a esta nueva realidad fronteriza no puede limitarse a los centros de atención transitoria, pues el Estado debe adoptar políticas integradoras que contemplen desde oportunidades materiales hasta un discurso inclusivo que alivie las tensiones sociales. Hay que recordar que en el pasado Venezuela acogió tres oleadas de connacionales, que buscaron en su prosperidad petrolera una salida a la pobreza y a la violencia de nuestro conflicto y que la actual crisis es también una oportunidad para que Colombia, en proceso de reformular su política exterior de cara a la paz, se posiciones internacionalmente como un actor humanitario liderando la solidaridad continental con su vecino. Complementariamente, se esperaría que un presidente Premio Nobel de paz coadyuvara a destrabar el diálogo entre Gobierno y oposición, en lugar de ponerse al servicio del rencauche de la doctrina Monroe, pues solo una Venezuela estable permitiría resolver la cuestión migratoria y consolidar nuestro posconflicto.

Autor:
Alexander Arciniegas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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