Jueves 22 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Sudáfrica en la mala

Columnista: Alexander Arciniegas

La semana pasada el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, en el poder desde 2009, fue obligado a renunciar presionado por los líderes de su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA).

Zuma cercado por la impopularidad y por cientos de graves acusaciones que incluso arrastra desde los años 90, esta vez no tuvo la misma suerte con que escapó a ocho intentos anteriores de destitución y terminó derribado por un escándalo revelado a finales de 2016, según el cual habría favorecido con millonarias concesiones a sus socios, los hermanos Gupta, magnates sudafricanos de la minería, el transporte y las comunicaciones.

No obstante, en su última rueda de prensa el hoy expresidente presentó su salida como una contribución a la unidad del partido, al tiempo que acusó a sus “camaradas” de no tener motivos concretos para acusarlo y desconocer la Constitución.

El gran damnificado con esta crisis es el CNA, partido hegemónico en Sudáfrica desde el restablecimiento de la democracia en 1994 y que tras no encontrar un líder de la estatura de Mandela fue perdiendo gradualmente su aura de esperanza y cambio contaminado por la corrupción rampante.

Si bien con los primeros gobiernos del CNA el país redujo los índices de pobreza y se proyectó internacionalmente dentro del top cinco de las potencias emergentes, la creciente insatisfacción social por la ausencia de servicios básicos, la enorme desigualdad y la emergencia de una nueva élite negra que aprovechó el poder para enriquecerse, muestran la encrucijada actual de una nación hasta hace poco admirada por su dinamismo económico y estabilidad democrática.

A esta cuestionada élite pertenece el nuevo Presidente Cyril Ramaphosa; el multimillonario minero vicepresidente de Zuma y quien está vinculado a la masacre de Marikana, en la que fueron asesinados 34 huelguistas en 2012.

Así, en Sudáfrica la legitimidad de su democracia“multicolor” se agota como se agota el agua en Ciudad del Cabo.Una mala noticia para un mundo en claro retroceso democrático.

Autor:
Alexander Arciniegas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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