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Sábado 03 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Crisis de representación

Columnista: Alfonso Gomez Gomez

Es evidente la crisis de representación de los partidos. Surgen de vez en cuando formaciones que tienen solamente apetito burocrático. Es cierto que lo burocrático se confunde frecuentemente con la militancia en los partidos. Si predomina, la crisis se evidencia, pues desaparecen la doctrina y la disciplina mínima. Hay veces que la disidencia constituye refuerzo para los partidos gastados. Pero si la tendencia dentro del partido constituye indisciplina y búsqueda de otra motivación, las cosas cambian de rumbo; lo que hagan los elegidos para reaprestigiar la situación es muy difícil. Desilusiona a las mayorías la burocracia concentrada en pocas manos, frecuentemente el nepotismo, que disimulado o no, es advertido por el cuerpo electoral que repugna, y se cae en mero clientelismo. La clientela funciona, está integrada por gentes remuneradas, aunque el grueso electoral se aparta; si no se organiza nueva forma, queda marginado automáticamente. El clientelista, el practicante de nepotismo burdo, queda sin opinión, tan solo con su fuerza remunerada.


En la crisis de representación actual hay múltiples signos de decadencia. Parte del Congreso está subjúdice. Funcionarios diversos han determinado cambios de nombres en nuevas formaciones, creadas frecuentemente para apoderarse de bienes que son y serán públicos. Lo público predomina en la teoría, pero en la práctica cada día más frecuente se escuda en conductas irregulares. La tendencia es cada vez más visible. Frecuentemente se buscan las funciones representativas para pelechar, con ventajas indebidas. He ahí la crisis de representación; las marchas para respaldar a quienes caen en manos de procuradores o fiscales deben ser interpretadas como movidas de esperanzas burocráticas, aunque no se vean las secuelas que se esconden, que no se pregonan, porque para todos hay dividendos, a costa del Estado, en detrimento de lo público, bastante desamparado en la actualidad.


Contra esta privatización de lo público, de lo que a todos pertenece, ¿qué vamos a hacer? Es verdad que haber convertido las concejalías en modo de vivir, haber ampliado el tiempo de las asambleas (de poca utilidad) que para su función podría tener menos durabilidad, han llegado a momento crítico. Súmese la inoperancia de las contralorías (lo dicen los propios funcionarios escandalizados) hasta dar a los hechos políticos la postración actual. Agréguese que las incautaciones de bienes a los narcotraficantes no funcionan y que el represamiento de procesos hace inoperante la justicia.

Autor:
Alfonso Gomez Gomez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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